zinedine zidaneZidane fue un jugador sobresaliente. El ‘10’ francés se metió en el bolsillo a cada club por el que pasó. Desde Cannes hasta Madrid, su progresión fue meteórica, mejorando temporada a temporada aspectos que aún no eran excelsos. Contundente con ambas piernas, goleador e imprevisible, brilló por su técnica y elegancia, de las que se servía para conducir y proteger el balón como ninguno. Como una bailarina, ejecutó a la perfección sus movimientos en los momentos en los que se le necesitó, siendo decisivo en partidos cruciales. 

EL NIÑO YAZID

Zinedine Yazid Zidane nació en Marsella. Allí sus padres Smail y Malika, dos inmigrantes argelinos, quisieron probar suerte dos años después de aterrizar en París en busca de trabajo. Yazid, como le llaman su familia y amigos de la infancia, jugaba por las calles del difícil barrio marsellés Castellane. Allí, en la Avenue de Bernex, pateó sus primeros balones, y allí conoció a los amigos con los que iba al Velódrome a ver al Olympique de Marsella más exitoso de la historia en el que jugaba su ídolo: Enzo Francescoli.

Su primer equipo fue el del barrio, el AS Foresta. Poco a poco el niño Yazid fue mejorando y tras pasar por el US Saint-Henri, el SO Septèmes-les-Vallons se fijó en él y le fichó. Allí estuvo cuatro años desarrollando su fútbol hasta que, durante un stage de tres días en Aix-en-Provence, su entrenador Robert Centenero recomendó al equipo de la ciudad fichar al joven Zidane. Semanas después, Jean Varraud, ojeador del equipo, le invitó a una semana de entrenamientos. No lo dudó. Con solo 15 años se unió al AS Cannes, su primer club profesional.

PRIMEROS PASOS Y CONSAGRACIÓN: FRANCIA

Zinedine, o Zizou, como se le llama en el mundo del fútbol, debutó con 16 años en la Ligue 1 francesa en un partido que enfrentaba a su equipo ante el Nantes. Allí se empezó a escribir la historia del jugador con más clase que ha dado Francia, con permiso de Platini. Poco menos de dos años después, también contra el Nantes, Zizou marcaba su primer gol. Y no fue un gol cualquiera. Fue marca de la casa. Control con la espuela y vaselina a David Marraud, portero del Nantes. Así se presentaba Zidane ante el mundo. Iba a dominarles a todos.

El galo pronto dejó Cannes, donde conoció a su mujer, para fichar por el Girondins de Burdeos, equipo fuerte en Francia. En la capital de la región de Aquitania se catapultó a la fama. En su primer año, donde era obviamente titular indiscutible, marcó 10 goles, curiosamente la cifra más alta de su carrera en liga. Sus excelentes actuaciones le llevaron a la selección nacional en 1994, al tiempo que lideraba a Les marine et blanc a conquistar la Intertoto en 1995, y a quedar subcampeones de la UEFA al año siguiente. Zidane fue elegido ese año mejor jugador de la Ligue 1, y estaba listo para dar el salto a conquistar Europa.

zidane en la juventusLA JUVE Y EL MUNDIAL DE FRANCIA: EL MEJOR ZIDANE

Tras varios años en Francia, y con muchas ofertas sobre la mesa, en 1996 el astro francés ya se podía permitir elegir. Los afortunados fueron los por entonces vigentes Campeones de Europa: la Juventus de Turín. En la ciudad del norte de Italia, aunque campeones, estaban huérfanos de elegancia suprema desde que otro francés, Michel Platini, dejara el club. Con Zizou volvieron a sentir calor. En la capital piamontesa, Zinedine ganó en velocidad, su físico mejoró y su influencia en el juego, muy asociativo, fue cada vez mayor.

El primer año en Turín fue un torbellino de triunfos. Tras conseguir la Intercontinental, la Juve se proclamó campeona de la Serie A. Aún así, La Vecchia Signora no pudo revalidar su trono europeo, cayendo 3-1 ante el Borussia de Dortmund en la final de la Champions League de 1997. No sería la primera vez que a Zidane se le atragantase la máxima competición de clubes ya que un año después sería el Real Madrid de Pedja Mijatovic el que privase al galo de coronarse ganar el máximo trofeo europeo a nivel de clubes. Sin embargo ese 1998 fue el año en el que Zidane se coronó por encima de todos.

Ese verano el Mundial se jugaba en su país, Francia. Les Bleus estaban de capa caída; no conseguían levantar el vuelo tras aquellos exitosos 80. Hasta que el aliento de la grada llevó en volandas al que muchos consideran el mejor combinado francés de los últimos 25 años. Los Zidane, Djorkaeff, Thuram, Desailly, Petit o Dugarry se plantaron en la final de París ante la vigente campeona: la Brasil de Dunga, Rivaldo, Ronaldo, Roberto Carlos y compañía. Nada bueno podía presagiarse, pero allí estaba Zizou. Pese a ser alto (1,85m.) Zidane siempre ha reconocido ir mal por arriba. “No juego bien de cabeza. Siempre ha sido un inconveniente y problema para mi. Mi punto débil”, decía. Pues a pesar de todo, dos goles de cabeza del marsellés allanaron el camino al éxito total. Ambos en la primera parte. Ambos rematando un córner. Un gol de Petit en el 93’ puso la estocada final, y Francia conseguía su primer Mundial. Después de ese magnífico 1998, Zizou recibió el Balón de Oro que le acreditaba, por si hacía falta hacerlo oficial, como mejor jugador del mundo.

zidane celebra gol en la final del mundial de francia 1998

Dos años después de la mayor gesta de su historia Francia volvió a sonreír, consiguiendo el triunfo en la Eurocopa de Bélgica y Holanda 2000. Allí Zidane siguió siendo el de siempre, el líder, el mejor. Un gol de oro logrado por él, de penalti imparable, llevó al conjunto dirigido por Roger Lemerre a la gran final contra Italia. Allí un nuevo gol de oro, esta vez de David Trezeguet, finiquitó el doblete de la selección gala.

REAL MADRID. MADUREZ Y RETIRADA

Tras la consagración como rey, Zidane se marchó de la Juventus como mejor jugador de la liga italiana, en la que el equipo turinés acabó segundo. Su destino, el Real Madrid, que desembolsó unos 75 millones de euros para convertirle así en el, por entonces, jugador más caro de la historia. A Zizou le costó unos meses adaptarse a Madrid. No estaba siendo el jugador determinante que venía de ganarlo todo. O casi todo. Le faltaba la ansiada Champions League, esa que había rozado en el 97 y 98.

El Real Madrid, campeón de esta última, y de la de 2000, soñaba con juntar a un equipo de galácticos que agrandasen algo más la leyenda blanca. Así, con Zidane, Raúl y Figo a la cabeza, el conjunto dirigido por Vicente del Bosque llegó a la final de Glasgow ante un sorprendente Bayer Leverkusen, en el que despuntaba un joven Michael Ballack. Corría el minuto 45, con el marcador empatado a uno gracias a los tantos de Raúl y del brasileño Lúcio. Entonces apareció un balón demasiado largo de Santiago Solari, al que únicamente podría llegar un jugador en todo el mundo. Y para alegría de los blancos, estaba allí. Roberto Carlos la pegó como pudo, hacia arriba, a las nubes escocesas. Y bajó. Vaya que si bajó. Allí esperaba una zurda que parecía la diestra. Allí, con las piernas en un ángulo imposible para el resto de los mortales, Zidane se vestía de Dios, para empalmar la volea perfecta, marcar el gol más bonito visto en una final de Champions y poner el 2-1 que a la postre convertiría al Madrid en Campeón de Europa. Zidane podía respirar tranquilo (más). Lo había logrado: era campeón de todo.

En su etapa final, Zizou comprendió su nuevo rol, y asumió la capacidad defensiva, manteniendo la llegada, la distribución y la generosidad que tanto le había caracterizado. Así, retrasó su posición para acercarse a la sala de máquinas, pero de vez en cuando salía a dar un paseo por los que habían sido sus dominios, marcando goles de bellísima factura como aquel al Deportivo de la Coruña. Pero llegó 2006. Zidane tenía algún problema de espalda, y aunque tenía más nivel y capacidad que el 99% de los jugadores en activo, anunció que se retiraría tras el Mundial de Alemania. En un Santiago Bernabéu abarrotado, Zizou se despidió de su último hogar visiblemente emocionado, sabiendo que en tierras germanas y con la camiseta con la que había sido Campeón del Mundo ocho años antes diría adiós al fútbol.

despedida zinedine zidane

Y así fue. Francia avanzó firme a lo largo del Mundial, dejando atrás a grandes equipos como España, Brasil y Portugal. En la final esperaba otra grande, Italia, en un partido que se antojaba duro, con los Azzurri practicando un juego poco vistoso y volviendo al Catenaccio de antaño, con una gran defensa, eso sí.

Corría el minuto 7 de partido cuando Zidane se encontró mirando fijamente desde los once metros al mejor portero del momento: Gigi Buffon. El de Marsella no se lo pensó dos veces. Gol a lo Panenka, previo susto rozando el larguero. El mágico francés había dicho esto un tiempo antes: “me gusta tirar los penaltis. Panenka ha marcado la historia del fútbol con un penalti. Hay que atreverse, y medir el gesto. Si lo picas demasiado se va por arriba. Si lo picas poco, el gesto no es bueno, es un semifallo. Si lo fallas, quedas en ridículo”. Pues menos mal.

Poco después, en el minuto 19, Materazzi remataba de cabeza a la salida de un córner, poniendo el 1-1 que no se movería durante el tiempo reglamentario. Así llegó la prórroga. La maldita prórroga. Corría el minuto 110 cuando la cámara mostró a un dolorido Materazzi tirado en el suelo. ¿Qué habría pasado? Marco es un toro, no pueden ser calambres. Y de repente la repetición. Lo que parecía increíble era cierto. El héroe francés, el mejor jugador de la década, el capitán, el más elegante de todos, en su último partido. Algo que le dijo el italiano, Zidane le respondió como todos ya sabemos y no queremos recordar. La final llegó a penaltis, e Italia se proclamó campeona. Triste final para el Quinto Grande.


Jorge Arlitt (@JorgeAAstiaso) es periodista

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