Vero Rodríguez, Jimena Sánchez, y Marion Reimers, se dedican al periodismo y entretenimiento deportivo en la televisión mexicana. Las tres, tan diferentes y originales entre ellas como los colores primarios, se levantan cada mañana con un amargo “buenos días” cargado de ira. Insultos y amenazas llueven en su Twitter. No es que hagan mal su trabajo, o que generen opiniones diversas, o que insulten a la audiencia… es que son mujeres, y eso, al menos en México, es suficiente para ser discriminada.

A las periodistas deportivas mexicanas se les acusa de generar violencia por no obedecer estereotipos, por no cuidar su ropa, por incitar el deseo o la furia de los hombres; por “pendejas y putas”, como dicen algunos de los miles de tuits que reciben a la semana. Los viejos estereotipos de género viven en Internet. Asignan roles, comportamientos y actividades que se consideran incluyentes para hombres y mujeres, pero que en la praxis son opuestos. Las periodistas desafían la imagen de la “buena mujer”, desacatan la orden de guardar silencio, e irrumpen en el mundo intelectual del hombre. A cambio, reciben ataques de género, acoso físico y laboral, amenazas de violación en redes.

Jimena, Marion, y Vero, junto con un grupo de gente comprometida y entusiasta en contra de la discriminación de género y la violencia en el ciberespacio, decidieron formar VERSUS, una organización no gubernamental que, por un lado, busca fomentar debates sobre la discriminación de género, clase o raza, con el fin de mejorar los contenidos en el periodismo deportivo, pero a su vez, erradicar la violencia en Internet, luchar a favor de la igualdad de condiciones laborales para hombres y mujeres, e implementar programas en la educación superior para tratar de sembrar la semilla que genere un cambio desde la raíz.

El periodismo deportivo, además de ser el canal por el que se comunican aficionados y deportistas, debe ser una ventana que alcance millones de espectadores a través de mensajes poderosos. La discriminación hacia las mujeres debe erradicarse de raíz. Las periodistas deportivas no puedes ser blanco de violencia por su forma de vestir. Durante sus trayectorias, se han enfrentado con situaciones en las que los propios deportistas, e incluso sus entrenadores, las han agredido, les han ofrecido información a cambio de “algo”, un algo que seguramente se traduce en “sexo”.

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