romario
Fotografía de Getty Images

Cada cierto tiempo aparecen talentos irracionales que solo funcionan en el desorden. Personajes con una habilidad extraordinaria que no hubieran desarrollado si hubiesen carecido de un determinado carácter. Teniendo en cuenta lo innato de la personalidad y la destreza, de nada sirve plantearse cuál hubiera sido el resultado alterando uno de los dos factores, pues el uno solo existe acompañado del otro. El fútbol ha cobijado numerosos de estos virtuosos, que además de su desempeño en el campo siempre han regalado a la prensa infinidad de portadas. En la década de los 90 Europa y el mundo disfrutaron de la genialidad de un pequeño delantero cuya facilidad para anotar goles lo convirtieron en uno de los mejores de siempre: Romário da Souza Faria.

Hijo de Edevair y Manuela, Romário vino al mundo un 29 de enero de 1966 en el barrio de Tijuca (Río de Janeiro). Pasó los primeros años de su vida en Jacarezinho, una de las mayores favelas al norte de la ciudad. Allí, como en todo Brasil, la radio y la televisión juegan un papel destacado en la cultura popular. Tanto como para influir en la elección del nombre de un hijo. Fue el caso del pequeño Romário, que le debe el suyo a un programa en el que el presentador daba a conocer palabras poco comunes: ‘Don Romário, el hombre diccionario’.

La prosperidad profesional del padre permitiría a la familia cambiar de barrio. Se mudaron a Vila da Penha. A partir de entonces la vida de los Faria comenzó a mejorar. El asma del mayor de los hermanos desapareció por completo, lo que le permitió practicar deporte de manera más asidua.

Su padre, exfutbolista de la segunda división brasileira, y su tío, Dé, observaron en él un prometedor talento con el balón. Un juego que pulió en la Plaza del Soldado José Dos Anjos, el particular Maracaná de los niños del barrio y cuna del Estrelinha, equipo creado por su progenitor. Allí irá moldeando sus habilidades. Romário, que jugaba acompañado de su hermano, se convirtió en el líder del equipo y su talento no pasó desapercibido.

VASCO DE GAMA

Wilson, entrenador del equipo júnior del Vasco de Gama, lo vio jugar y decidió probarlo. Corría el año 1979 y aquel chaval de 13 años sufrió el primer revés de su carrera. En la balanza del resto de técnicos pesó más su baja estatura y técnica poco pulida que su destreza. Sin embargo, Wilson se fue con Romário a otro club, el Olaria. A final de temporada volvió a recibir la llamada del Vasco de Gama.

O baxinho daba todo por hecho, pero su club no dio el visto bueno a la operación y relegó a Romário a pasar un año en blanco. Entonces pensó en dejarlo. “Quiso dejarlo por unas decepciones, pero le hice ver que en el fútbol estaba su futuro. Tanto en Brasil como fuera del país (…) Me hizo caso y siempre que dialogamos me agradece aquellas palabras”, recuerda Paulo Ferreira en el libro de Santiago GargalloRomário, rey del gol.

Pasado el año, Romário comenzó a mostrar las características que le han acompañado siempre: goles, más goles y un fuerte carácter garantía de discusiones. “Era un buscabroncas. Un auténtico cabezota que pocas veces aceptaba la opinión de los demás”, afirma su ídolo y antiguo jugador del Barcelona, Roberto ‘Dinamita’.

Debutó contra el Coritiba, el 6 de febrero de 1985. “Allí estaba, junto a mí. En el banquillo, como un pollito mojado (…) Solamente miraba con sus ojos brillantes. Esperando un gesto (…) Le dije “sal” y ya estaba en la banda, pidiendo el cambio”, afirma Edu, entrenador que le dio la oportunidad. Anotaría su primer gol el 18 de agosto de ese mismo año ante el Nova Venecia. Se estrenó con un doblete, a modo premonitorio.

vasco de gama 1987 romario
Vasco de Gama 1987

BRASIL, PIROPOS Y VIAJE A EUROPA

Para 1988 Romário tenía una media goleadora envidiable con su equipo: 110 goles en 169 encuentros. Valieron un campeonato carioca y una Taça Guanaraba. Con su selección había debutado un año antes, en Wembley, y la rivalidad con Bebeto, punta del combinado nacional y del Flamengo, eterno rival del Vasco, se había instalado en los medios de comunicación y en la verde-amarela.

Ese verano, con Carlos Alberto en el banquillo, Brasil luchó por su primer metal olímpico en Seúl. El campeonato de Romário fue fantástico, pero los penaltis en la final le apartaron del oro, que fue para la Unión Soviética. Llovían los elogios sobre el máximo goleador del campeonato, en el punto de mira de muchos clubes europeos.

El que más fuerte apostó por él fue el PSV de Guus Hiddink. “Parece tan frágil que desconcierta. Pero es hábil y no se asusta ante nada. Y marca goles. Es lo que nos hace falta en la Liga holandesa”, sentenció el entrenador tulipán. No se arrepentiría. “Es el jugador más interesante con el que he trabajado”, acabó por reconocer.

La Eredivisie será, como tantas veces, el lugar perfecto para formar un jugador de época.

PSV

A su llegada a Europa Romário vivió un choque cultural, climático y en tantas dimensiones de la vida diaria como se tenga en mente. Tardó en adaptarse también al fútbol europeo, a los conceptos de un juego mucho más físico, disciplinado y rápido que en Brasil. Una vez acomodado, el brasileño exhibió su capacidad goleadora.

Aunque confesó que jamás llegó a adaptarse (“En Holanda, para tomarte algo con un amigo, tienes que llamarle tres días antes y pedirle una cita”) fue elegido Futbolista del año en su primer curso en la Eredivisie. A esta distinción se unirían otras tres de máximo goleador del campeonato, tres ligas y una Copa. La felicidad era tal que club y jugador decidieron renovar el contrato hasta 1996. Unas expectativas demasiado altas si tenemos en cuenta que el Barça de Johan Cruyff llamaría a su puerta unos años después.

El primer enfrentamiento con el club llegó a causa de un viaje a Brasil. Estaba lesionado y decidió volver a casa para desconectar. Trascendió que había disputado una pachanga en Navidad con su familia, algo prohibido por contrato y que casi le cuesta una suspensión.

Mientras tanto, en el verano de 1989, Brasil conquistó la Copa América con Bebeto y Romário en punta. El delantero tuvo problemas con Lazaroni, su seleccionador, y se dedicó a hablar tanto en los medios como en el campo: suyo fue el gol de la victoria en la final frente a Uruguay.

La fortuna sería distinta en el Mundial de 1990. Meses antes de la Copa del Mundo, Gentile golpeó a Romário en un lance y le rompió el peroné y los ligamentos. Su participación quedó comprometida. Llegó, pero en mal estado de forma, casi para regocijo de su seleccionador: “Tuvo la oportunidad que pedían. Le di entrada para coger confianza pero no está en su mejor forma”.

Bobby Robson había conseguido retenerle un año más a disgusto en Holanda. Incluso dejó plantado a su equipo en el aeropuerto el día que comenzaba la pretemporada.

En el verano de 1993 el PSV decide negociar. No podían retener a un jugador con esa actitud.

EL DREAM TEAM DE CRUYFF

Joan Gaspart se encargó de las negociaciones. Romário llevaba en la agenda mucho tiempo. “Me hubiese gustado fichar a Romário hace cinco años, pero en aquel momento se nos pidió un defensa y fichamos a Aloisio”, recordó el presidente del club catalán, José Luis Núñez.

Romário llegó con un contrato por tres temporadas. El Barcelona pagó 395 millones de pesetas y una serie de partidos amistosos. Pronunció el “sí quiero” en casa de Gaspart tras una larga negociación que concluyó a las cinco de la mañana.  Era el cuarto extranjero del Barça junto a Laudrup,  Stoichkov y Koeman. La Liga solo permitía alinear tres extranjeros en el once.

Barcelona era una ciudad más parecida a su Río natal que Eindhoven. Amador Bernabéu, directivo del club, le preguntó qué quería visitar de la ciudad en su primer día. Acabaron viendo la corrida de toros en la Plaza Monumental. Al día siguiente, se presentó y comenzó su etapa como barcelonista, la mejor de su carrera

Le iría bien a pesar de la bienvenida de Stoichkov:

Es un gran jugador, pero tendrá que demostrar que puede dar el mismo rendimiento que Laudrup, Koeman o yo. Es él quien debe estar preocupado, no nosotros. Es una estupidez fichar un cuarto delantero, pero si la directiva lo considera necesario y me pidieran opinión, les diría que fichasen a Penev. ¿Cuánto cuesta Romário? ¿600 millones? Yo pongo 200 de mi bolsillo y fichamos a Lubo

 

Su travesía blaugrana se inició con pretemporada en Holanda. Tras los primeros partidos, el Barça se midió al Ajax. El flamante fichaje culé calentó el partido: “En Holanda nunca fui feliz”. El ambiente del 4 de agosto en el Estadio Olímpico de Amsterdam era espléndido. Cruyff se llevó una pitada del público local, resentido porque su leyenda entrenara otro equipo. El recibimiento a Romário fue parecido, pero tornó los pitos en aplausos. El Barcelona ganó 2-4 con dobletes de Romário y Stoichkov. El goleador insolente que los aficionados holandeses habían disfrutado seguía siendo el mismo.

Romário cayó de manera inmejorable en el Dream Team de Cruyff, un equipo de época que tocaba su fin. En su presentación ante el Camp Nou, en el trofeo Joan Gamper, anotó tres goles en la victoria frente al Hajduk Split. Ídolo de la afición desde el primer día. Aquel torneo se lo acabó llevando el Tenerife de Jorge Valdano, ovacionado por ser el verdugo del Real Madrid temporadas atrás. El argentino alabó a Romário: “Es un jugador de dibujos animados”.

Un nuevo hat-trik en el primer partido de Liga dejó claro que iba a ser una gran temporada. Tres asistencias de Guardiola para que el brasileño hundiera a la Real Sociedad de Toshack. Hizo justicia a su contestación a Zubi en boca de vestuarios antes del choque:

  • Va bien en el uno contra uno. Le gusta salir. Es así y asá.
  • ¿Me va a enseñar usted a meter goles? – respondió, menudo, el último de la fila.

“Prometo 30 goles, por lo menos, en la Liga española”. Dicho y hecho. Fueron 30 los que anotó el brasileño en Liga en su primera y única temporada completa. En el mercado de invierno de la temporada 1995/1996 se marchó al Flamengo. Ya no estaba a gusto ni con el clima, ni con la ciudad ni con el entrenador. Ni siquiera con sus partidos de futvoley en la playa de Castelldefels.

Estos cambios de actitud fueron constantes en su carrera. Romário siempre fue por libre. Los aficionados del Barcelona dijeron hola, gracias y adiós en apenas una temporada y media. En ese tiempo regaló salidas nocturnas, escapadas a Brasil, una operación en el ojo, mareos en un entrenamiento, una brecha en la cabeza… pero sobre todo magia y goles. Romário fue lo que fueron sus goles. Nunca olvidaremos la vaselina ante Osasuna a pase de Laudrup, la cola de vaca y los tres goles al Real Madrid, el triplete ante el Atlético y otros tantos destellos.

La Liga fue el último título del Dream Team. La ganaron en la última jornada empatados a puntos con el Deportivo. En el equipo gallego jugaban los brasileños Donato, Mauro Silva y Bebeto. Djukic todavía se acuerda de aquel penalti.

En Champions League, el Milán de Fabio Capello destrozó a los blaugranas con un contundente 4-0 en la final de Atenas. “¡Qué vergüenza! Mi padre ha visto el partido desde Río”, dijo a sus compañeros el brasileño esa noche.

De la noche a la mañana, y tras ganar el Mundial con su selección siendo pieza clave, Romário se marchó. Había dejado de ser el rey y cada vez se le complicaban más sus aficiones. “Es que, si no salgo por las noches, no meto goles”, justificó. “El Barça me puso un detective y acabé pagándole las copas”, confesó en otra ocasión. Romário anotó 39 goles en 65 partidos.

CUMBRE EN EL MUNDIAL DE EEUU 1994

En el verano de 1994 Romário se consagró en Estados Unidos. Fue el incontestable artífice de la victoria brasileña en la Copa del Mundo de 1994. Se acabó la sequía de la canarinha tras 24 años. Para ello, Brasil abandonó sus raíces. Taffarel, Jorginho, Branco, Aldair, Márcio Santos, Mauro Silva, Dunga, Zinho, Mazinho, Bebeto y Romário, fue el once de Perreira en la final frente a Italia. Baggio falló el penalti decisivo de Italia y Brasil levantó su cuarto Mundial. O baixinho fue la bota de oro del torneo.

“Estoy seguro de que Brasil no habría ganado de no ser por él”, aseguró Johan Cruyff. Puede que eso le cambiara. “Sólo hubo un Romário: el de después del Mundial era Dios”, sentencia Zubizarreta.

BRASIL, ESPAÑA, BRASIL…

Una vez en el Flamengo, ganó el Campeonato carioca, volviendo a ser máximo goleador del torneo. En 1996 fichó por el Valencia. Estuvo dos años con una cesión entre medias para volver al Flamengo; se lesionó de nuevo; se encaró con Luis Aragonés; Valdano afirmó en una entrevista que el brasileño podía salir de fiesta por contrato. Ronaldo Nazario, o fenómeno, brilló en La Liga más que él y comenzaba a robarle protagonismo también como estrella de su país.

Flamengo, Vasco de Gama, Fluminense, Al-Sadd, Vasco de Gama, Miami, Adelaida, Vasco de Gama y América fue su ruta hacia la deriva. En ese tiempo conquistó muchos más títulos colectivos e individuales. En el Vasco de Gama jugó en cuatro etapas diferentes y acabó como entrenador. Incluso se cambió a sí mismo en un partido. También acabó como entrenador en el América, club en el que jugó en homenaje a su padre, fallecido un año antes. Consiguieron el regreso a la primera División, con una única aparición de Romário como jugador. Fue su retirada definitiva, a los 43 años.

En el equipo nacional siguieron sus disputas con dirigentes y técnicos. Consiguió una Copa América más y una Confederaciones, jugando en punta con el joven Ronaldo. No disputó los mundiales de 1998 y 2002 por decisión técnica. Años de idas y venidas que acabarían en 2005, en un amistoso frente a Guatemala. Lloró, marcó y dedicó el tanto a su hija. En la camiseta de debajo llevaba una camiseta con el siguiente mensaje: “Tenho uma filhinha Down que é uma princesinha”.

1.000 GOLES

Romário es el tercer máximo goleador de Brasil, por detrás de Pelé y Ronaldo. También tiene el mejor promedio goleador. En el club de sus amores, el Vasco, consiguió el gol número 1.000 de su carrera. Fue en 2007. No pudo ser en el Maracaná, como Pelé, del que dijo que “callado es un poeta”, pero tuvo semejanzas. “Es un alumno especial. Hizo el gol de penalti, disparó al ángulo derecho, exactamente como yo. Solo faltó ofrecerlo a los niños”, dijo el propio Pelé, máximo goleador histórico con 1.282 tantos.

Hay discrepancia en torno a que lograra 1.000 goles en su carrera. Se ha llegado a acusar al Vasco de Gama de convertir partidos de entrenamientos en amistosos para que todo cuadrara. Aunque la FIFA sí ha reconocido sus cifras (1.006 dianas), investigaciones de medios como la Revista Placar fijan la marca en 925. Si bien es cierto que esta investigación también le sitúa como máximo goleador de la historia del fútbol en partidos oficiales. La revista argentina El Gráfico también le concede este récord por encima de Pelé (757) con 768 goles. Ambos, Romario y Pelé, llevaron las cuentas a nivel personal.

POLÍTICA

Acabada su carrera como futbolista, o Baixinho aprovechó su posición y se pasó a la política en 2009. En 2014, con casi 5 millones de votos, fue elegido senador por Río de Janeiro sin el apoyo de su partido, el PSB. “Hoy es un día histórico porque un exfavelado se ha convertido en senador de la República”, comentó.

La política, sin embargo, no cambiado un ápice sus maneras. Con motivo de la celebración del Mundial en su país cargó contra la organización y llamó al expresidente de la FIFA, Joseph Blatter, “ladrón, corrupto e hijo de puta”. Sobre la política también expresó su opinión: “Pensaba que la política era solo de ladrones. Acerté”. Esta vez, al menos, tuvo que disculparse.

Comparte
Periodista y Community Manager. Cofundador de Football Citizens. Ahora me encargo de la dirección, diseño web y edición. Jugando el balón con criterio.

DEJA UN COMENTARIO

Please enter your comment!
Please enter your name here