zinedine zidane champions league 2017 real madridEn cancha galesa el Madrid firmó la docena. Sí, ahora son tantas como los meses del año y como las horas del día o como los Docecuentos peregrinos, por qué no si esta Duodécima fue conseguida como en una fábula; entre castillos medievales y venciendo al dragón que la custodiaba. Sin embargo, no hubo tal batalla para rescatar a la princesa, porque basta ver la cara con la que Cristiano llegó al Millennium Stadium para confirmar que esta Copa se ganó con soltura y confianza. Hazaña heroica de un equipo diverso, que desde su vanidad sacó el convencimiento para llevar el doblete a la Cibeles.

A muchos les parecerá aburrido. El mismo campeón por otro año más. Es que el Madrid de Zidane ya tiene una insignia: ganar, ganar y ganar. Aunque su juego no esté del todo claro, los resultados ya están labrados. Hace 17 meses, cuando el francés llegó al banquillo, dijo que quería recuperar la línea del “fútbol bonito”, pero, quizá, ni el madridista más devoto, habría imaginado que esta idea de “fútbol bonito” comprendía, entre muchas otras cosas, propiciar goleadas a los más grandes (Bayern Múnich, Atlético de Madrid y Juventus). El problema es que Zidane casi logra convencer a los hinchas de que la vida siempre será bella. Piden ganar y eso es lo que él hace. La grada del Bernabéu termina temporada más inflada que nunca y nadie sabe cómo sobreviviría si hay un declive en los próximos meses.

Hace pocos días, el Madrid festejaba su campeonato español número 33; uno de los objetivos más importantes de la temporada 2016-2017. Para los madridistas menos vanidosos y esnobistas, la Liga 33 fue más ansiada, y tiene más valor, que la Duodécima. Primero ser rey en España, dejando atrás a un Barcelona que se había engarzado al trofeo, y luego conquistar Europa.

La verdad es que ganar en Cardiff es un accesorio más para este equipo; para verse más guapos y tener un museo más brillante, si es que eso todavía es posible. Vencer a la Juventus de Turín, con Gigi en el arco, con Dybala “doble bala” en el frente, con Khedira frenando disparos e Higuaín amenazando los primeros minutos; y vencer después de la anotación descomunal Mandzukic, hizo de la final un ritual elegante. Algo tuvo que decir Zidane en el vestuario; seguramente, tan solo repitió lo que les dijo a sus jugadores en los partidos de vuelta en el Allianz Arena y en el Calderón. No hubo milagros en Cardiff, tampoco penales envenenados. La Vecchia Signora, que avergonzó al Barcelona, perdió otra vez la corona de Europa, sumándose a engrandecer la historia del equipo de siempre.

Pocas horas antes del partido, Raúl González, sin chistar, dijo que este es el mejor Real Madrid de la historia. “Hacer historia y de la buena”, comentó con una sonrisa confiada. Parece que las primeras palabras del himno de La Décima fueron escritas para Zidane: “Historia que tú hiciste, historia por hacer”. De la volea en Glasgow a las dos Champions consecutivas. Sería bueno pensar en un nombre para este once; una denominación merecida y especial como la tuvieron “los Galácticos” y “los Ye-yé“… porque siempre será grato encontrar nombres como estos en los libros, en los periódicos viejos, en los relatos de padres y abuelos.

Ahora que Cristiano, Casemiro y Asensio vencieron al dragón que custodiaba a la princesa, clavándole cuatro dagas en el corazón, que Isco y Modric hicieron lo suyo para apagar el fuego, el Madrid termina con el reloj completo y, además, mejor pagado que en Milán. Final feliz que empezó con el segundo lugar en fase de grupos. Queda desentrañar la fórmula maravillosa de Zidane y extraer un nombre legendario.

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