nacionalismo vasco athletic club de bilbao
Kortabarria e Iribar portando la Ikurriña

Es muy probable que los aficionados del Athletic Club de Bilbao y del F. C. Barcelona dediquen una fuerte pitada a Felipe VI y al himno de España en la final de la Copa del Rey del próximo 30 de mayo. Es también predecible que muchos medios de comunicación presenten a los aficionados del Athletic como un grupo homogéneo de nacionalistas vascos mostrando su abierto rechazo a España. Para algunos, la pitada será una reacción natural de aquellos que no se sienten españoles. Para otros, será una falta de respeto y un insulto televisado a millones de personas. Para casi todos, el comportamiento de los aficionados reforzará el vínculo establecido desde hace años entre el Athletic Club de Bilbao y el nacionalismo vasco.

Pero por muy natural que ahora se presente la conexión entre el club bilbaíno y el mundo abertzale, conviene tener en cuenta que la relación del nacionalismo vasco con el Athletic ha sido compleja y cambiante a lo largo de las décadas. Como en tantos otros ámbitos el contexto histórico ha ido determinando la naturaleza de las relaciones entre fútbol y política. Desde su fundación en 1899, el Athletic de Bilbao tuvo directivos y jugadores vinculados al Partido Nacionalista Vasco (PNV). Alejandro de la Sota, presidente del Athletic entre 1913 y 1918 y miembro de una de las familias más prestigiosas de líderes nacionalistas vascos, abogó por el uso del fútbol para adoctrinar a la clase trabajadora en postulados abertzales. Manuel Aznar Zubigaray, abuelo de José María Aznar, se dedicó a narrar las hazañas de los leones desde las páginas de Euzkadi, órgano del nacionalismo vasco, en la década de 1910. José María Belausteguigoitia, centrocampista del Athletic de Bilbao y uno de los jugadores de la selección española que consiguió la medalla de plata en las Olimpiadas de Amberes de 1920, fue desde 1910 el hombre a cargo de la sección de fútbol del PNV. En 1930, Belausteguigoitia estuvo entre los fundadores de Acción Nacionalista Vasca, una escisión liberal del PNV[1]. Durante la II República, la identificación entre Athletic de Bilbao y nacionalismo vasco aumentó y el club apoyó la campaña liderada por el PNV a favor de la autonomía vasca. Tras el estallido de la Guerra Civil, el jeltzale José Antonio Aguirre, antiguo jugador del Athletic (1921-1923), se convirtió en el primer presidente del gobierno vasco. Desde la Lehendakaritza, Aguirre organizó una selección vasca de fútbol a la que se incorporaron varios jugadores del Athletic. Creado con el doble objetivo de hacer propaganda y recaudar fondos, el equipo vasco estuvo de gira futbolística por Francia, Polonia, Checoslovaquia, la URRS, Noruega, Dinamarca, México y Cuba[2].

A lo largo de las décadas de 1920 y 1930, los sectores urbanos del PNV, hispanoparlantes y con base en Bilbao, apostaron por el fútbol como instrumento de transmisión de ideología. Estos sectores se dieron cuenta del potencial de este deporte para dar forma a la conciencia nacional en niños y jóvenes y pronto desarrollaron un discurso que ligaba la patria vasca al Athletic de Bilbao. Sin embargo, la difusión de este discurso nacionalista encontró una fuerte resistencia en las propias filas del PNV. Los jeltzales de las zonas rurales, más conservadores y euskaldunes que sus correligionarios urbanos, consideraban el fútbol como un deporte liberal y extranjero. Según este sector del PNV, el balompié era un obstáculo para el correcto aprendizaje del catolicismo, ya que muchos campesinos dejaban de ir a misa por jugar al fútbol los domingos. En vez del balompié, los peneuvistas más conservadores apostaron por la pelota, un deporte que, pese a su origen francés, sí era considerado como genuinamente vasco por los abertzales[3].

El franquismo vio en el Athletic de Bilbao una encarnación de los valores masculinos hispánicos de virilidad, ímpetu y furia[4]. Las directivas falangistas y carlistas del club continuaron con la política consistente en fichar exclusivamente jugadores vascos, que fue presentada como un modo de mantener la pureza española del equipo[5]. Sólo tras la muerte del dictador, el PNV volvió a tomar las riendas del club. En 1977, el jeltzale Jesús María Duñabetia fue elegido presidente. Duñabetia, llevó a cabo un proceso de ‘vasquización’ del club que incluyó la utilización oficial de la ikurriña, el uso de dantzaris y la celebración de partidos en favor del euskera en San Mamés, así como el apoyo explícito a la autonomía vasca. Los años de la transición también fueron testigos de homenajes a etarras asesinados por el Batallón Vasco Español, como fue el caso de José Miguel Beñarán, ‘Argala’ en diciembre de 1978, y del surgimiento de la denominada izquierda abertzale, organizada en torno a Herri Batasuna, y representada en las gradas de San Mamés por Herri Norte Taldea[6].

Desde principio de los años ochenta hasta la actualidad, hombres cercanos al PNV han controlado las juntas directivas del Athletic. Sin embargo, el club ha sido lugar de encuentro de bilbaínos de todos los colores políticos. En una sociedad profundamente fragmentada y traumatizada por la violencia terrorista, el Athletic sirvió en Vizcaya de punto unión, más que de división, entre quienes defendían postulados nacionalistas vascos y los que se oponían a ellos[7]. Uno de los puntos nucleares de esta identidad bilbaína ha sido la ‘filosofía’ del club a la hora de formar un equipo compuesto de jugadores locales. Según recogen todas las encuestas, la política de cantera ha sido defendida por la gran mayoría de los aficionados tanto abertzales como constitucionalistas[8].

Es más, en las últimas décadas del franquismo se crearon peñas del Athletic por toda España. El conjunto de San Mamés se ganó una imagen de equipo de clase obrera y su política de no pagar grandes sueldos a sus jugadores le granjeó muchas simpatías entre los trabajadores de fuera de Vizcaya[9]. Su fomento de la cantera también le supuso al Athletic la admiración de muchos españoles fuera del País Vasco, no porque aquello ayudara a mantener una supuesta «pureza» vasca en el equipo, sino porque se veía como una inversión del club en los jóvenes de la zona, que contrastaba con los fichajes millonarios de otros equipos. De un modo complementario, la particular filosofía del club le hizo ganar seguidores en todo el mundo[10]. En 2012 había registradas 406 peñas del Athletic, 252 de ellas (el 63%) fuera del País Vasco, incluyendo Madrid, Barcelona y México D. F.[11].

En los últimos años, el Athletic ha seguido dirigido por presidentes cercanos al PNV, con una gran influencia de la Diputación de Vizcaya (tradicionalmente en manos jeltzales) y las cajas de ahorro vascas. Ahora bien, esta hegemonía del nacionalismo vasco conservador, no ha erosionado la diversidad de sus apoyos y el Athletic ha mantenido su condición del club integrador, capaz de aglutinar a un gran número de vizcaínos, con independencia de sus opiniones políticas y sentimientos identitarios[12]. Y es que, como le ocurre a otros, el Athletic es más que un club en el campo de las identidades, por mucho que algunos se empeñen en hacer lecturas lineales y simplistas.


[1] Díaz Noci, J. (2000) “Los nacionalistas van al fútbol. Deporte, ideología y periodismo en los años 20 y 30”, Zer: Revista de estudios de comunicación = Komunikazio ikasketen aldizkaria, n. 9, 6-8.
[2] Gotzon, J. (1998) Historia de la Selección de Fútbol de Euskadi (Bilbao: Beitia), 45-125.
[3] Díaz, “Los nacionalistas”, 10-13.
[4] Ibid, 8.
[5] Castillo, J. C. (2007) ‘Play Fresh, Play Local: The Case of Athletic de Bilbao’, Sport in Society, vol. 10, n. 4, 682-683.
[6] Fernández Monje, P. X. (2001) Athletic Club en Fernández Monje, P. X. (ed.), Historia del Fútbol Vasco, vol. 2 (Andoain: Aralar Liburuak), 217
[7] Castillo, “Play Fresh, Play Local”, 685-687.
[8] MacClancy, J. (1996) “Nationalism at Play. The Basques of Vizcaya and Athletic Club de Bilbao” en MacClancy, J. (ed.) Sport, Identity and Ethnicity, (Oxford: Berg), 195-196.
[9] Ibid, 192-193.
[10] Para la integración de diferentes opiniones políticas, véanse los comentarios del presidente del Athletic, Fernando García Macua, en ABC, 18-11-2009.
[11] Gara, 24-5-2012.
[12] Como señalaba Julen Guerrero en una entrevista en Líbero (2013) n. 5, 56. En la misma línea véanse los comentarios de Endika Guarrotxena en Peinado, Q. (2013), Futbolistas de izquierdas, (Léeme. Madrid), 104.

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Profesor e investigador de Historia. Sus trabajos se centran en el estudio de los nacionalismos y las identidades nacionales en la España de los siglos XX y XXI. Autor de 'Goles y banderas. Fútbol e identidades nacionales en España'.

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