michel platini
Fotografía de Allsport UK

Si subiéramos al Olimpo de los futbolistas galos más grandes de la historia, hay tres tipos que sin mirar, sabríamos que están ahí seguro. Jugando se ganaron un hueco y dejaron huella en aquellos espectadores que tuvieron la suerte de vivir en la misma época. Si escalamos hasta ahí arriba, somos capaces de distinguir un podio entre los mejores. Un escalón más dentro de la casi total perfección en el que tres jugadores descansan tras regalar cientos de noches mágicas. El primero se llama Zinedine Zidane, el segundo Thierry Henry y el tercero, el ídolo de los dos primeros, odiado en la actualidad por muchos en el exterior y tratado como un futbolista de época en tierras francesas, Michel Platini.

Michel nació en Jœuf, una pequeña población cerca de Metz. Hijo de Aldo Platini, un futbolista sin el renombre que se ganó posteriormente en los banquillos. Su padre fue su guía, la clave para conseguir desarrollar todo el potencial que acumulaba dentro aquel joven galo. Primero lo entrenó en el conjunto de su pueblo, el Jœuf y años después en el As Nancy. ‘Le Roi’ fue formándose como un centrocampista con una calidad inmensa y con una mentalidad que Giovanni Trapattoni definió a la perfección: “Michel formaba parte de esa categoría de magníficos jugadores que consideran la preparación física un poco superficial, porque decía: ‘No vamos a disputar los 5000 metros en los Juegos Olímpicos, así que hay que jugar con los pies'”.

El año 1979 marcó un antes y un después en la carrera del futbolista. Tras ganar el Balón de Bronce europeo en 1977 (sólo fue superado por el danés Allan Simonsen y el inglés Kevin Keegan) y liderar al Nancy campeón de la Copa en Francia en la temporada 1977-1978, acaparó todas las miradas del fútbol mundial. Aquel mediocentro con cualidades para tener un futuro demoledor acababa de presentarse a millones de aficionados. Un monstruo francés de aquella época, el Saint-Etienne, estuvo rápido y hábil. Adelantó por la izquierda a decenas de equipos que realizaban una larga cola de espera para hacerse con los servicios del joven y consiguió firmar un contrato, el cual daba comienzo a una era nueva del fútbol de los 80.

Tras tres temporadas fantásticas tanto a nivel personal (de nuevo balón de bronce en 1980, superado por Rummenigge y Schuster), como colectivo (campeón de Ligue 1 en 1981, subcampeón en 1982 y subcampeón de Copa en ambos años) Michel comenzó a ser algo más que un buen futbolista. Los míticos e históricos grandes de Europa iniciaron una lucha para lograr la firma del francés en una servilleta o un papel, que sirviera a modo de compromiso con el club para ficharlo posteriormente. El apellido Platini ya se asociaba con calidad, con olfato de gol y con un don que tan solo los más grandes poseían. No importaba quién corría más, sino el que en mejor dirección lo hacía. ‘Le Roi’ era de esa clase de jugadores que no sólo saben jugar a este precioso deporte, sino que además entendía todos sus aspectos. Y eso lo hacía más valioso y único.

AMOR CON LA VECCHIA SIGNORA

El hijo del gran Aldo terminó aterrizando en Turín. Una de las máquinas italianas dirigidas por Giovanni Trapattoni con Paolo Rossi, Antonio Cabrini y compañía. Allí, Michel tocó la cima como futbolista. Con los dedos de las manos se podrían contar los jugadores que escalaron hasta ahí arriba y dejaron su huella. Pelé, Cruyff, Maradona… Sí, la cumbre total. Entre 1983 y 1985 Platini logró tres balones de oro consecutivos, algo que tan solo un tal Leo Messi ha llegado a superar. En los cinco años que el galo disfrutó por tierras italianas la Juventus se coronó en numerosas ocasiones. Campeona de la Copa en 1983, de la Serie A en 1984 y 1986, de la Recopa y Supercopa de Europa en 1984 y de la Copa de Europa y Copa Intercontinental en 1985. Además, Platini ganó ejerciendo de anfitrión con la selección francesa la Eurocopa de 1984 con el histórico gol de la final a Arconada para terminar batiendo a España por 2-0.

En 1988 harto de sufrir numerosos contratiempos por culpa de las lesiones, decidió dejar el fútbol. Ya no saltó ninguna vez más como jugador a un terreno de juego. Y sí, hay que aclarar esto. Porque quizás, su huella en la historia hasta ese momento no estaba ni en la mitad de lo que es hoy en día. Suena irónico tras leer todo su historial, pero es cierto. Aquel mismo año fue contratado como seleccionador nacional en su país para sustituir a Henri Michel. Aunque sus mejores recuerdos no perteneceran a esta época, ya que el balance final tras varios años no fue  positivo y terminó dejando aparcada su corta pero intensa carrera en los banquillos.

Para finalizar, qué mejor que recordar ciertas frases de algunas míticas figuras del mundo del fútbol, que ayudan a reflexionar y entender mejor hasta qué punto llegó Michel Platini como futbolista.

“Aunque no corriera mucho, a diferencia de Cruyff, y no tuviera demasiada corpulencia física, me gustaba su cerebro, el organizador que era sobre el campo. Era un jugador de cabeza en sentido amplio. Su forma de brillar con Francia y con el Juventus, así como su destreza en la ejecución de las faltas lo convirtieron en el mejor futbolista europeo de los años ochenta”

Pelé

“Cuando era pequeño y jugaba con mis amigos, siempre elegía el nombre de Platini. Los nombres de los otros ídolos de mi infancia dejaba que se los repartieran mis amigos”

Zinedine Zidane

“Era alguien excepcional, porque nunca se le subió a la cabeza. Cuando un jugador tiene tanto éxito, corre el riesgo de hacer cualquier cosa, como hizo Maradona. Platini, por el contrario, siempre estaba sereno, tranquilo, sociable”

Stefano Tacconi

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