Michael Laudrup

Vestido de esmoquin, bien peinado, con aire distendido y las botas ajustadas. No hay nadie en el estadio, tampoco a ras de césped, donde él se sitúa en tres cuartos de cancha, acariciando el balón con los tacos, paciente hasta que alguien mejor situado que él se desmarque.

Irrumpe con fuerza esta dichosa imagen de Michael Laudrup en todo aquel que estudia su figura. En su ADN estaba implícita la capacidad para brillar sobre un terreno de juego, pero él le añadió además el talento innato, lo que le permitió campar por su país, Italia, España, Japón y Holanda.

Los Laudrup son la más preciada dinastía del fútbol danés. Su padre Finn fue futbolista profesional y jugó con Dinamarca en 19 ocasiones, mientras que su tío, Ebbe Skovdahl, fue un reputado entrenador. Buena parte quedó también para su hermano Brian, cinco años menor que él, cuya carrera se ha forjado en grandes clubes europeos.

Michael Laudrup nació un lunes en Frederiksberg, distrito de Copenhague, y trece años más tarde rechazó una oferta del Ajax ya que quería seguir creciendo en la cantera nórdica. Del extinto Kjøbenhavns Boldklub (raíz del FC Copenhague) fue traspasado al Brøndby IF, club al que llegó un año después de que su padre se hubiera retirado. Un cambio de cromos de apellido Laudrup.

A los 19 años ya había ganado una liga y obtuvo la distinción de mejor jugador nacional, por lo que llegó el momento de emigrar. Todo hacía indicar que su próximo destino sería Liverpool, pero algo se torció. “Pensaba que ya estaba hecho. Unos días más tarde volvieron con la misma oferta, pero de cuatro años, ya que decían que era muy joven y necesitaba tiempo para desarrollarme. Eso me decepcionó, y decidí no fichar por el club”, recordó en una ocasión Michael.

Turín y la Juventus lo recibieron de brazos abiertos, pero también lo vieron demasiado joven y acabó cedido en el Lazio por dos temporadas. En aquella Vecchia Signora donde solo podían alinearse dos extranjeros, militaban Boniek y Michel Paltini.

Acabó compartiendo vestuario con el francés en la Juve post-Heysel, coronada en una Copa de Europa de luto. Un compañero bianconeri de entonces como Roberto Galia habló de su talento: “Jugué contra Maradona, Platini y Baggio, pero quien era capaz de las jugadas más increíbles era Michael Laudrup”.

Ese enorme caudal futbolístico se quedó sin explotar. Una intercontinental y un Scudetto en cuatro años son el pobre bagaje que se llevó de un país que, con los años, ha admitido que no debió elegir. Pero sobrevivió, en gran parte por una llamada de Johan Cruyff. En Can Barça demostró que no estaba estancado y dejó de ser una eterna promesa.

DREAM TEAM

El técnico holandés del FC Barcelona apostó fuerte por Laudrup, y éste respondió siendo una de las piezas fundamentales en la consolidación del Dream Team. Entonces escribió con letras de oro su historia en este deporte. Velocidad de conducción, sentido táctico, plasticidad en los movimientos, regate en corto…. y el pase, eso que por ser tan habitual resulta más complicado ejecutarlo con primor. Por arriba, por abajo, con la derecha, con la izquierda, con el interior, con el exterior… o mirando al tendido, como en aquella obra surrealista frente a Osasuna.

Él, Stoichkov y Koeman eran los tres extranjeros elegidos que La Liga permitía juntar en el once como máximo. Laudrup partía desde ambas bandas o se situaba en punta, aunque su rol no era el de delantero centro nato. El 9 que lucía en la espalda engañaba, pues nunca destacó por su olfato goleador, a pesar de que el propio Cruyff, ya cuando la relación empezaba a quebrarse, lo acusaba precisamente de no anotar. Él respondía que, como todos sabían, no era un goleador.

Aquella oda al fútbol conquistó la primera Champions del Barça en 1992 y cuatro ligas consecutivas. En todas ellas Laudrup jugó un papel relevante, excepto en la última, en la temporada 93/94. El rey del gol, Romário da Souza Faria, autor de tres balazos al Real Madrid de Benito Floro, había llegado. Apartó del equipo titular a Michael, cuya relación con el entrenador terminó de romperse un 18 de mayo en Atenas, en una estrepitosa final de Liga de Campeones. El Milan de Capello se impuso 4-0 y Laudrup no fue ni convocado. Tampoco fue convocado su hermano, que jugaba con los italianos.Tras aquel partido, Fabio Capello incendió aun más el patio al declarar que el jugador que más temía del Barcelona era el danés.

REDENCIÓN BLANCA Y TOUR MUNDIAL

Con 30 años Laudrup se mudó al eterno rival. Pareció una venganza, aunque él mismo trate de negarlo: “Mi etapa en el Barça se había acabado, igual que el Dream Team. Me fui al Real Madrid porque quería jugar en un equipo capaz de aspirar al título y quedarme en España”. En el horizonte, conseguir cinco ligas consecutivas.

Suerte o no, estaba en lo cierto. El Madrid volvió a ganar una Liga cinco años después, eliminando la melancolía que había dejado la Quinta del Buitre. Todo ello se cristalizó en el Bernabéu, donde el equipo de Valdano le devolvió la manita al Barcelona con un Zamorano estelar. Cruyff elogió publicamente a Michael en la rueda de prensa posterior al partido.

Meses después el danés vivió el peor momento de su carrera. Fue en la visita al Camp Nou. Si su imagen había sido inmejorable en todos los campos, el recibimiento que le dio la hinchada culé fue difícil de digerir. “Es el peor recuerdo que tengo como persona. Es el único partido de mi carrera donde han influido en mi rendimiento otras cosas que no sean estrictamete deportivas”, lamenta.

Una temporada después se marchó del Real Madrid: “Creo que uno debe dejarlo cuando está a tope, cuando está arriba. Esperaba ganar la Copa de Europa con el Madrid, pero no ha podido ser (…) El Madrid es el último equipo grande en el que podía seguir jugando”.

El madridismo lo apoyó de forma incondicional, siempre lo había hecho. Habían obviado su falta de gol, adoraban a ese maldito gentleman de fútbol exquisisto. “El público madridista ha tenido la suerte de disfrutar de él cada quince días, y yo he tenido el privilegio de hacerlo cada día, en cada entrenamiento. Y eso no tiene precio”, dijo Alkorta. Menos poético se mostró Luis Enrique: “Se va el mejor jugador extranjero que ha tenido el fútbol español en los últimos años”.

Marchó a Japón, una temporada exótica antes de regresar a Europa de la mano del Ajax de Amsterdam. Allí se jubiló añadiendo Liga y Copa de los Países Bajos a su palmarés, pero aun quedaba algo de magia en esas piernas.

EL ÚLTIMO BAILE

“Ha sido el último de mi carrera (…) Pero también ha sido uno de los mejores, incluso el mejor”. Después de 104 partidos con la selección danesa, Michael Laudrup dejó huérfana la mediapunta, colgó las botas. Fue en Francia 98, en los cuartos de final, frente a una selección brasileña favorita y vigente campeona del mundo.

Entonces Laudrup ya se había reconciliado con su afición. Hubo un momento, cuando militaba en el Barcelona, en el que renunció a la selección. Fue tras la fase de clasificación para la Europcopa de 1992. No se habían clasificado y la relación con el entrenador no era del todo buena. Además, él mismo reconoció que no sentía fuerzas para ser el líder en dos equipos.

Sin embargo, la Guerra de los Balcanes apartó a Yugoslavia abrió la puerta a los noreuropeos en la competición que, a la postre, y para drama de Laudrup, fueron campeones. “En ese momento pensé, vaya, debería haber estado para después haber dicho que fue fantástico. Y lo hubiera sido, pero fui yo quien tomó la decisión de no ir, y no me arrepentí, porque en ese momento era lo correcto”, confesó con el tiempo.

El caballero danés se quedó sin corona con su selección cuando tenía todo para recibirla. Poéticamente injusto. La Copa Confederaciones conseguida en 1995 fue un premio escaso pensando en todo lo que él le dio al fútbol. No solo la rebeldía queda para la historia de este deporte, hay quien también lo hace por su sencillez y comportamiento ejemplar, pero evidentemente todos necesitan magia, y este tipo la tenía.

“En los años 60, el mejor era Pelé. En los 70 Cruyff, en los 80 Maradona. Y en los 90, Laudrup”.

Franz Beckenbauer

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Periodista y Community Manager. Cofundador de Football Citizens. Ahora me encargo de la dirección, diseño web y edición. Jugando el balón con criterio.

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