luis enrique
Getty Images

El día que abandonaba su cargo como entrenador de la Roma, el director deportivo del club italiano, Franco Baldini, se atrevió a darle un consejo: “Te apasionas tanto que te agotas”. En lo que no reparó Baldini es en que no sabe hacerlo de otra manera. Luis Enrique Martínez (Gijón, 1970) exige a los suyos lo mismo que él dio durante más de una década y media en el campo. Reducir su carrera a una rinoplastia involuntaria, un paso al bando enemigo y un andamio es un mero menosprecio para un hombre que ha sabido hacerse valer dentro y fuera de la línea de cal. El mismo que con una frase se definió en su presentación como técnico del FC Barcelona: “El líder de mi equipo soy yo”.

Pocos jugadores se han sabido mover tan cómodos en el odio de la afición rival, incluso si algún día fue la suya. El mismo hombre que participaba con un tanto a la ‘manita’ del Madrid de Jorge Valdano -el técnico que le devolvió el protagonismo- al Barça de Johann Cruyff celebraba dos años después de forma exaltada uno de sus goles de azulgrana en Chamartín. “Si quieren, lloro”, respondió cuando le comunicaron que el entonces presidente blanco, Lorenzo Sanz, le recriminaba su festejo.

No le importa encender fuegos porque se mueve a la perfección entre ellos. Ni siquiera le preocupa tener enemigos, incluso ser objetivo número uno. Se crece ante la adversidad. Lucho carga con los cánticos que le acompañan en cada campo, aquellos que hacen referencia a su consanguinidad con Amunike. “Además de racista es poco original, a mi entender. Casi me gusta más lo de Tassotti”, escribió en una ocasión, durante su etapa como entrenador del Barça B, en Twitter.

Precisamente, como jugador, la imagen icónica que le perseguirá toda la vida ocurrió el 9 de julio de 1994, en Estados Unidos. En la última jugada del partido de cuartos de final del Mundial ante Italia, cuando Lucho se disponía a rematar de cabeza un centro botado al área, Mauro Tassotti le propinaba un codazo que pasó desapercibido para el árbitro. Aquella ensangrentada nariz que el asturiano señalaba exaltado al colegiado se convirtió en símbolo de la impotencia española, más todavía que el fallo de Julio Salinas solo frente a Pagliuca, un minuto antes de que Roberto Baggio se encargase de mandar a ‘la Roja’ a casa. Puro Luis Enrique.

DE MAREO AL CAMP NOU, VÍA BERNABÉU

En los campos de Mareo inició a los once años, tras pasar por los benjamines del Xeitosa, su camino común con el Sporting, interrumpido por una estancia en el CD La Braña de los 14 a los 18 años. Lucho engrosó entonces la plantilla del Sporting Atlético en Tercera División, y en 1989 hizo su debut con la rojiblanca en Primera con el primer equipo, en un partido ante el extinto CD Málaga.

El chaval, admirador de Van Basten, había llegado para quedarse. Ciriaco Cano, entonces entrenador del conjunto sportinguista, le usó como ‘9’ y Lucho respondió: catorce goles y uno decisivo, ante el Valencia en la última jornada, que valieron para que los gijoneses lograsen la clasificación para la Copa de la UEFA. En la siguiente campaña, acabó con el récord de imbatibilidad de Abel Resino.

Fueron méritos suficientes para que el Real Madrid depositase en 1991 250 millones de pesetas, una cifra astronómica para la época, por su fichaje. Sin embargo, no despuntó en los primeros años, con Radomir Antic y Benito Floro en el banquillo, en los que fue requerido hasta en la posición de lateral. La llegada de Valdano le devolvió las alas; con el argentino consiguió la Liga y recibió la admiración del Bernabéu, que acostumbra a premiar la garra y el arrojo de sus futbolistas.

Las cosas comenzaron a torcerse cuando club y jugador fueron incapaces para llegar a un acuerdo de renovación. Su carácter salió a relucir y el FC Barcelona no desaprovechó la oportunidad de fichar al indomable asturiano, a petición del mismísimo Cruyff. Sin embargo, el holandés no llegó a verle debutar, pues para entonces había abandonado el club y Bobby Robson pasó a ocupar su puesto. El resultado: diecisiete goles y Supercopa de España, Copa del Rey y Recopa de Europa.

Ya en la demarcación de centrocampista, Luis Enrique afrontó su segunda temporada en el conjunto azulgrana de la mano de Louis Van Gaal. Junto al neerlandés conquistó dos Ligas y la Supercopa de Europa, antes de empezar la etapa de sombras que caracterizó al mandato de Gaspart. Tiempo después fue de los veteranos heredados por Frank Rijkaard, que le dio la oportunidad de despedirse del Camp Nou un 16 de mayo de 2004 como titular ante el Racing de Santander, para recibir posteriormente, cuando fue sustituido por Overmars, la ovación de su afición. El ’21’ decía hasta luego.

2008, EL AÑO 0

Pero el fútbol no abandonó a Luis Enrique, que si bien ya no podía ofrecer mucho más en la cancha sí estaba dispuesto a darlo desde el banquillo. El año siguiente a su retirada inició el curso de entrenadores junto a hombres como Pep Guardiola, Chapi Ferrer o José Luis Caminero. Y la oportunidad se le presentó en el año sagrado blaugrana, 2008.

Al asturiano se le encomendó la misión de guiar al filial barcelonista, recién ascendido por Guardiola -que pasaba a dirigir al primer equipo- a Segunda B. No sólo lo colocó en Segunda, sino que lo llevó hasta su mejor clasificación histórica, tercero. Concluido su tercer año al frente del conjunto azulgrana consideró su etapa agotada.

Su mirada se centró entonces en nuevos horizontes, más allá de los Pirineos. En 2011 la Roma le dio la oportunidad de dirigir en la elite. Sin embargo, las sombras le acompañaron más que las luces en la capital italiana. Eliminado en su estreno en la Europa League, en la previa, sus enfrentamientos con la prensa -“podéis estar tranquilos, queda un día menos para que me vaya de aquí”- y con el capitán Francesco Totti precipitaron su marcha al final de temporada, dejando al cuadro romano séptimo. Tras ello, un año sabático, en el que el asturiano se dedicó a otra de sus grandes pasiones.

Correr. Como sea. Nadando, andando, en bicicleta… Luis Enrique ha completado un maratón por debajo de las tres horas, ha sido finisher en el Ironman y ha realizado durísimas pruebas de mountainbike como la Absa Cape Epic, entre otras muchas aventuras. Una actividad que no ha dejado de intercalar con sus trabajos como entrenador.

El Celta llamó a su puerta y Lucho abrió. Al conjunto gallego le dotó de personalidad, llevándose con él a perlas de la Masia como Rafinha o Fontàs. Inolvidables son ya aquellas sesiones de entrenamiento divisadas desde el andamio de A Madroa, desde donde acompañado siempre por sus gafas de sol observaba a los suyos.

El día de Reyes de 2014 visitaba por primera vez como entrenador el Santiago Bernabéu, en una semana en la que más que del Celta se habló de cómo recibiría la afición merengue al ídolo repudiado. Lo previsible: lluvia de pitos, recuerdos ‘familiares’ a Amunike y demás lindezas. El cuadro gallego cayó goleado (3-0). En su comparecencia en la sala de prensa, Luis Enrique explicó sus sensaciones en su vuelta al coliseo blanco. “Muy ‘lights'”, dijo sin pestañear.

Lucho sabe que la historia siempre ofrece revanchas. Y la suya fue más dulce incluso de lo que podría soñar. En mayo de ese mismo año el cuadro de Carlo Ancelotti tuvo que visitar Balaídos. Con la Liga aún en juego, el Celta derrotó al conjunto madridista (2-0) y le apeó de la lucha por el título. El mismo que definió el 2-6 del Barça en el Bernabéu como “un orgasmo futbolístico” había conseguido su particular ‘vendetta’.

Al final de su primera temporada en la máxima categoría del fútbol español, el cuadro celeste finalizaba octavo, pero volvían a llamar a la puerta de Luis Enrique. La llamada definitiva. El 19 de mayo se convertía en nuevo entrenador del FC Barcelona. Iniciaba así su tercera etapa como culé.

El gijonés está dotado del ‘ADN Barça’ en su libreto y su cabeza. En un equipo con hombres como Xavi, Iniesta y Messi y nuevas figuras como Luis Suárez o Rakitic, Lucho ha dejado muestras de su carácter, un carácter que quiere contagiar a los suyos. Una plantilla sin egos y en la que las únicas voces autorizadas que hablen sean las de la experiencia. Aquí, en el nuevo Barça, el líder es él.

DEJA UN COMENTARIO

Please enter your comment!
Please enter your name here