hooligans definicion

‘You wanted combat for what?
I don’t know really why.
Or really know why.
Who wants true combat? But here it is.’

Ernest Hemingway. Across the River and into the Trees.

Hay numerosas versiones sobre el origen del término Hooligans. Una habla de un personaje llamado Patrick Hooligan, otra de una panda de gamberros de Hooley (Hooley’s Gang), y también está la novela ‘The Hooligan Nights’ de Clarence Rook (1899), un retrato sobre el crimen en Lambeth. En esta ciudad afloraron problemas con una banda denominada ‘Hooligan Boys’, según relató el semanario The ilustrated Police News en 1994. Un estudio publicado en el portal History House recupera un fragmento del Daily News sobre la detención de Charles Clarke, “the king of a gang of youths known as the ‘Hooligan Boys'” (24 de abril de 1894).

Aquí en España, el economista y sociólogo Miguel Cancio habló en una ponencia sobre los Hooligans con motivo de su libro ‘Sociología de la violencia en el fútbol’ (1990). Para ello utilizó varias citas de Colin Ward, famoso por la publicación de varios libros sobre los hooligans, siendo él mismo un fanático del Arsenal. Ward afirma cosas como esta:

Hay ciertos eventos y experiencias que te hacen más llevadera la mundana existencia. Para cientos de hinchas de fútbol, incluido yo mismo, estos acontecimientos se producen en las gradas. Las gradas llegan a ser nuestra vida, para algunos la única razón de vivir; moviéndonos siempre entre los sábados y los días de partido. No necesitamos los héroes de la televisión, ni la mala pornografía. Tenemos algo mucho mejor, más real, único e increíblemente excitante. Yo me corro de gusto al comprobar que la cultura de las gradas en la que he tomado parte se ha hecho famosa y ha sido imitada en todo el mundo.

Nunca antes se había hablado tanto de un fenómeno social y legislado en su contra. Esto es un verdadero enigma. No encuentro respuestas fáciles para saber como definir la guerra de las gradas, del fútbol. Las palabras nunca pueden expresar las emociones que sentimos en esta violenta atmósfera, pero estoy completamente seguro de que esto es lo que más me gusta. Mucha gente tiene necesidad de evadirse y desea ser famoso. Las gradas del fútbol le dan a cada participante la posibilidad de ser alguien, y, como dijo, Andy Warhol, de ser famoso durante cinco minutos.

Para nosotros, ingleses de abajo, la violencia se convierte en un modo de redimirse y resarcirse, desquitarse. Una forma como otras muchas de desprenderse de la adrenalina. Pasas miedo y, al mismo tiempo, eres feliz. Para muchos es la sensación más bella, más placentera que han experimentado. No importa cuántas veces lo hagas, siempre es como la primera vez. Cuando ves la cara de un hooligan entiendes por qué el estadio, los aficionados, la violencia, el partido es como una droga ¡Mejor que una droga!. Si tu equipo gana, la vida es maravillosa. Si pierdes, estás tendido en el suelo y debes hacer cualquier cosa para arruinar la fiesta de los que te han vencido. El dolor de una derrota solo lo puedes borrar rompiéndole la cara a tu adversario o con otra victoria.

 

Seguramente su testimonio sirva más que cualquier otra cosa para saber de qué estamos hablando. En otra ocasión, con motivo del Mundial del Mundial de 1990, recordó Heysel

Un partido de fútbol no es una cuestión de vida o muerte, es mucho más. Para un hooligan ir de visita al estadio de un rival es como entrar en territorio enemigo. Lo mejor es conquistar las cuevas de los rivales y descender rompiendo el alma de quien se pone por delante, al grito de ¡a por ellos¡. Estoy seguro que los tifosi querrán vengar Heysel y nosotros nos defenderemos. Se creara una situación de muere o mata que nos gusta mucho.

 

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