helenio herreraEn noviembre de 1962, en un campo de hierba modesto y reducido, Helenio Herrera concede una entrevista en mitad de un entrenamiento del Inter de Milán. De ojos pequeños e incisivos, tiene el pelo ralo y viste un chándal de invierno. Durante el entreno da silbatazos periódicos, corrige a sus jugadores y no pierde la vista del balón. Después llegan las preguntas.  Helenio, que responde de forma orgullosa a cámara, está cansado de que se le relacione con polémicas y con grandes titulares. En un momento dado, el periodista prueba esta afirmación y le pregunta por el mal comienzo de temporada de su equipo. Herrera, sin inmutarse, como si tuviera en su poder una verdad absoluta, afirma que el objetivo es “ganar todos los títulos” y que este año “han decidido empezar despacio y darlo todo en el último tramo”. Pocos meses después de la entrevista, el Inter se hacía con el Scudetto; un año y medio más tarde, levantaba la Copa de Europa. Quizás ni él propio Herrera lo supiera, pero cuando esas palabras se produjeron faltaban escasos meses para que el Inter de Milán comenzara los años más exitosos de toda su historia.

Muchos años antes de convertirse en el entrenador mediático que fue, Helenio Herrera nacía en Buenos Aires. La fecha no está clara, ya que aunque él prometía que fue en 1916, otras fuentes sostenían que era seis años más viejo. Su padre era carpintero y anarquista, mientras que su madre ejercía de profesora. Cuando Helenio era un juvenil que ya destacaba en Boca Juniors, los Herrera cambiaron Argentina por Casablanca, que en esos momentos se encontraba bajo protectorado francés.

ARGENTINA, MARRUECOS Y FRANCIA

En Marruecos, Herrera tuvo que hacerse fuerte. Hijo de una familia que ya había perdido tres hijos, el argentino contrajo difteria siendo todavía un niño. Luchó, superó la enfermedad y comenzó a trabajar para llevar un sueldo a su familia. En sus ratos libres, jugaba al fútbol en el equipo de su barrio, el Rocas Negras’. La entrega de Helenio Herrera llamó la atención de un ojeador y acabó fichando en 1931 por un equipo grande en su país, el Racing de Casablanca.

Su progresión como defensa correoso y peleón le llevó rápidamente a Europa, ya que tan solo un año más tarde CASG París le ficha y Herrera vuelve a cambiar de continente. De hecho, en Francia desarrolló toda su carrera deportiva, ya que defendió la zaga de equipos como el Stade de France (33-35), el Charleville (35-37), el Roubaix (37-39), el Red Star (40-42), de nuevo el Stade (42-43), el Paris-Capitale (43-44) y el Puteaux, donde colgó pasó a ser jugador-entrenador. Era 1945: Herrera colgaba las botas y sacaba la pizarra.

NACE EL MAGO

Tres años después de comenzar a entrenar, el Valladolid se fija en Herrera. No contaba con experiencia alguna en España, pero el argentino cumple y deja al equipo pucelano, recién ascendido, en Primera División.  Su táctica, la importancia que confería al físico y su capacidad como psicólogo empezaban a despuntar. Una temporada más tarde, el Atlético de Madrid lo fichó y él le correspondió haciéndole campeón de Liga en el primer año que pasaba en el Manzanares. Un año más tarde aumentó el palmarés y consiguió la Liga y la Copa. Comenzaba a despuntar la figura de HH, un entrenador metódico, polémico y triunfador que enseñó cómo jugar a la contra a los rojiblancos.  Tras tres años llenos de éxitos como colchonero llegó su paso por el Málaga (1952), Sevilla (1953-56) y Os Belenenses (56-57), donde también cumplió sus objetivos, aunque no consiguió ningún título. En 1958 un grande llamó a su puerta y Helenio Herrera pasó a ser entrenador del FC Barcelona.

El mago apareció. No solo logró dos títulos de liga con el club catalán, sino que el argentino (que siempre se definió como un ciudadano del mundo) comenzó a desarrollar sus particulares métodos. En ruedas de prensa, Helenio se convertía en el “puto amo”.  Fueron años de perlas como “se juega mejor al fútbol con diez que con once” o “ganaremos sin bajarnos del autobús” (Herrera aseguró que nunca pronunció esta última frase, aunque es por la que más se le recuerda). Todo eso era de cara al público, ya que dentro de casa el entrenador argentino desarrollaba otras técnicas. Controlaba todo lo que hacían sus pupilos, combinaba su férrea disciplina con ayuda psicológica y daba especial relevancia al aspecto físico. Antes de los partidos, aseguraba a determinados jugadores que el contrario al que tenían que marcar les había insultado (cosa que era mentira). Las concentraciones del equipo, otra de sus aportaciones.  Genio y figura.

Su figura se agrandaba con cada partido. El entrenador dejaba paso a la leyenda y a los rumores sobre su extravagante forma de entrenar se multiplicaban en los medios. Herrera dejaba huella en Barcelona, donde los aficionados se convertían en ultras con tal de defender sus tesis. Y todavía quedaba lo mejor.

IL GRANDE INTER

Y es que en 1960, el entrenador más mediático del momento fichó por el Inter de Milán. Luis Suarez le acompañó en el trayecto y se convirtió en su fiel escudero. En Milán, el ‘mago’ se encontró a un equipo que llevaba ocho años sin ganar un título. Le dio la vuelta a la situación y creó un estilo único que llevó a su equipo a la gloria. El once se sostenía por una sólida defensa, un estado físico determinante y una salida rápida de balón. Helenio Herrera y su Inter de Milán habían inventado el catenaccio.

Desde su llegada tardó tres años en ganar su primera liga, pero una vez conseguida el resto de títulos se abalanzaron a las vitrinas del Inter. El equipo fue capaz de proclamarse campeón de Europa en 1964 frente al gigantesco Real Madrid (3-1). Mazzola consiguió, con sus dos goles, hacer él solo de Puskas, Gento o Di Stefano.  Un año más tarde, los nerazzurri repitieron la gesta en su propio Estadio frente al Benfica de Eusebio (1-0), logrando un doblete con el Scudetto conseguido esa temporada. Una temporada después, la liga volvió a ser del Inter. Herrera agranda su leyenda, esta vez en Italia.

El argentino se convirtió por méritos propios en el entrenador más exitoso de la historia interista. Cincuenta años más tarde, solo puede discutir esta hegemonía el Helenio Herrera del siglo XXI: José Mourinho.

Tras construir “Il grande Inter”, HH continuó su andadura por Italia en la Roma. Allí coincidió con Fabio Capello y ambos llevaron la Copa a la capital en 1969. Después de ello, en 1973 regresó al Inter durante una temporada, pero no consiguió repetir las gestas anteriores. La última parada italiana es Rimini, donde también entrenó una campaña.

EL JUGADOR QUE SE MARCABA SOLO

Antes de retirarse, el ‘mago’ regresa a una de sus ciudades predilectas: Barcelona. Volvieron las polémicas y las ruedas de prensa sonadas, como aquella en la que Helenio afirmó que Juanito “se marcaba él solo” antes de un clásico. El madridista le dedicó un gol en ese encuentro y le mandó “al asilo” con unas declaraciones. Herrera, que era Herrera, le respondió pidiéndole dinero para costearse la residencia. HH en estado puro.

Entrenó durante dos años a un equipo que había perdido su esencia y se retiró. Helenio dejó los campos de fútbol de forma definitiva un 9 de noviembre de 1997, cuando falleció en Venecia. Se marchaban ochenta y siete años (u ochenta y uno, nunca lo sabremos) de fútbol, de revolución táctica y de provocación constante. Él afirmaba a los periodistas que no era un “mago”, sino un entrenador que trabajaba duro y que tenía necesidad de grandes jugadores. Se pasó toda la vida tomándole el pelo a los medios de comunicación.


Guillermo Ginés (@ggines) es periodista

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