Estrella Roja consigue su primera y única Champions. Foto: http://www.mojacrvenazvezda.net/
Estrella Roja consigue su primera y única Champions.

No hay nada como ganar una Copa de Europa. Quizás ganar dos, o ganar diez. O a lo mejor no. A lo mejor ganarla por vez primera sea cien veces mejor que cuando levantas esa copa pongamos que por tercera o por quinta vez. Cuando Gianluigi Buffon alce la tercera orejona para la Juve, si la alza, por mucho entusiasmo que se manifieste entre la parroquia Bianconeri, no tendrá parangón a cuando Gaetano Scirea la levantó, ofrendándola al cielo de Bruselas, aquella noche aciaga, triste y desoladora, aunque extraordinaria, que la Vecchia Signora logró su primera Copa de Europa en el estadio de Heysel. Del mismo modo, o parecido al menos, el alborozo de los culés, tanto si es Andrés Iniesta quien la iza como si es Xavi Hernández, será grande, pero la felicidad que embargó a la afición azulgrana un lejano ya veinte de mayo de 1992 cuando el cancerbero y capitán Andoni Zubizarreta aupó en el mítico Wembley por primera vez el trofeo debió ser cien veces mayor. Es que no hay nada como ganar una primera Copa de Europa.

Sea la primera, la tercera o la quinta, no hay nada como ganar la Copa de Europa. La argamasa de la que están hechos los sueños del fútbol, hecha de noches de Champions, de goles por la escuadra, de caños, de rondos infinitos, de lanzamientos al palo, de épica, de llanto y de risas, y de abrazos y de cien mil cosas más, cada primavera se transustancia en la aleación de 74 centímetros de altura y 8 kilogramos de peso a la que el suizo Jörg Stadelmann diese esa maravillosa forma y donde están inscritos hasta el momento los nombres de veintidós grandes clubes de fútbol. Los sones del himno que en 1727 compusiera Händel para la coronación de Jorge II de Inglaterra, pensando más en la Liga de Campeones que en el monarca, anuncian, alcanzado el partido final, que un nuevo rey, como sucediera con Jorge II, volverá a ser coronado. En esta ocasión los fastos no tendrán lugar en Londres, sino en Berlín, el vencedor vestirá a rayas y no será la primera oportunidad que sea proclamado campeón. Aunque eso tampoco es nuevo, porque ¿quién no ha ganado alguna vez una Copa de Europa? ¿Quién no ha abrazado los colores del equipo que campeonó, aunque no fuesen los suyos? Esa también es la grandeza de la Copa de Europa: si tu equipo cae por el camino, agarras otra bandera y a seguir hasta el partido final, defendiendo los nuevos colores con uñas y dientes, con el alma, como si la vida te fuese en ello. No puedes, si caes eliminado, quedarte sin vivir la emoción de esas noches mágicas de fútbol; tú no tienes por qué ser como Leónidas; no eres como uno de aquellos espartanos. Perder ya perdiste mucho; tantas veces cayó tu equipo que ni siquiera serías capaz de recordar cuántas fueron por más que te lo propusieras. Pero el fútbol es de natural desprendido, te tiende siempre su mano y te permite blandir la enseña del Ajax, la del Bayern de Múnich o la del Liverpool; incluso la del Nottingham Forest o la del Celtic, si eres un nostálgico. Por ganar una Copa de Europa quizá no matarías, pero serás capaz de calzar otra camiseta, aunque eso no signifique abjurar de la tuya. ¿Acaso no ganaste también tú la edición número veintiséis, la que se disputó en el Parque de los Príncipes, en París? ¿No celebraste como un red más aquel gol en el minuto ochenta y dos de Alan Kennedy? Cantaste ese gol tanto o más que el segundo de Messi en Roma. Y te dolió lo mismo el cabezazo de Sergio Ramos que los tantos de Massaro, Savićević y Desailly, que te dejaron helado aquella calurosa noche ateniense porque, aunque eres del Barcelona, puedes ser del Atleti o del Liverpool, o hasta del Inter si se tercia. Y cuando todo se derrumba, cuando no tienes nada a lo que aferrarte, nada te impide empuñar la bandera del Real Madrid. Eso es apostar sobre seguro. Si no hay dos sin tres, qué no habrá tras diez Copas de Europa: once, doce, o veinticuatro.

La quinta Copa de Europa del Real Madrid. Foto: http://entrenarfutbol.com/
La quinta Copa de Europa del Real Madrid.

Ganar la mejor competición de clubes de fútbol, la Copa de Europa, esa que ahora la denominan la Liga de Campeones, te alegra los lunes. Sigues cada edición con la esperanza de que este año por fin tu equipo logre pasar a la Historia. Puede que un testarazo pocos segundos antes del pitido final te arrebate la ilusión. Da igual. Como cuando te pones a escuchar la Pasión según San Mateo, la emoción es tanta que poco importa si una temporada más te das de bruces con el fracaso. Algún día la ganarás. Será la primera vez. O será la tercera. Hasta puede que sea ya la quinta.

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