final copa de europa 1983 hamburgo juventusEl ser humano acostumbra a lidiar con la épica, el esfuerzo y pensar en que “lo imposible se puede lograr”. Es un hecho: cualquiera al que le pregunte cómo han conseguido sus méritos, logros o premios, dirán que ha sido fruto del trabajo, de la constancia y de una pizca de suerte. Un batido de intangibles de la que cualquier persona bebe –y cree con fe ciega– como si fuese el clásico sucedáneo lácteo con la palabra “light” detrás, dando una falsa esperanza de que ingiriendo eso se va a conseguir el objetivo.

No obstante, y de vez en cuando, el tópico termina convirtiéndose en una verdad eterna que queda plasmada como legado y recuerdo melancólico, muchos años después de conseguirlo. “Cuánto más usamos la memoria, más la conservamos” dice el neurólogo Wagner Gattaz y, ciertamente, razón no le falta si se refiere al Hamburgo. En muchos casos –y viendo cómo está la actualidad de los hanseáticos- se usa el recuerdo para endulzar una realidad distinta, pobre y necesitada de tiempos mejores para sobrevivir al apoyo de la entidad en estos momentos tan malos, tan duros. 1983 es uno de esos años que quedarán en la memoria para siempre en los hinchas del Vollspark: los alemanes conseguían, por fin, encarar una final sin presiones y desde la teórica inferioridad. Porque, a pesar de todo, el Hamburgo era inferior a la millonaria y poderosa Vecchia Signora que gobernaba, casi con puño de hierro, la Serie A italiana a finales de los setenta. Tanto es así, que los bianconeri tenían, prácticamente, la base de la selección campeona del Mundo en 1982, lo que evocaba “venganza” en algunos sectores de la prensa de ambos países. Bettega, Platini, Rossi; Gentile, Scirea, Zoff o Boniek conformaban una “squadra” de impresión, cuyo poderío era casi indiscutible. Trappattoni construyó un equipo casi hegemónico que duraría una década en lo más alto. Comparado con el Hamburgo, la Juventus practicaba un fútbol vistoso; los alemanes tenían fama de serios, duros, difíciles de doblegar y cuyos contragolpes se podrían comparar al del Dortmund de Klopp o el Madrid de Mourinho, como ejemplos cercanos. Magath dirigía la orquesta, Kaltz ponía en práctica sus “Bananenflanken”, Hrubesch lo remataba casi todo (al más puro estilo Santillana de cabeza), Stein paraba todo lo parable y algún balón más, mientras que Hieronymus ponía orden en la zaga. Un equipo correoso y duro, pero no exento de calidad que había superado tener 4 entrenadores en 4 años. La sombra de Kuno Klötzer era demasiado alargada, que ni tan siquiera el mítico Zebec pudo coger el timón durante más de dos años, a pesar de ser campeón y subcampeón de Bundesliga en dos magníficos años. El austriaco Ernst Happel (conocido por sus hazañas en Rotterdam y Brujas) implantó mano dura y disciplina en todos los aspectos de la vida del futbolista; entendía que solo así podía ganar títulos y su palmarés le daba la razón. Happel se adaptaba casi a cualquier contexto que el partido le demandaba y eso,  era un plus que le hizo conquistar la Bundesliga dos veces de forma consecutiva.

OCASIONES Y TEDIO

Magath alza la orejona. Dailymail
Magath alza la orejona. Daily Mail

Se verían las caras dos equipos con un palmarés europeo en común: ambos habían ganado trofeos distintos a la Copa de Europa y  habían perdido dos finales ante el Ajax.  La ciudad de la olimpiada por excelencia hacía hueco a una final que daría, por primera vez, la “orejona” a uno de los dos conjuntos. Atenas ponía en ventaja a la Juventus por la cercanía de Grecia con el país de la bota: los italianos querían meter el primer gol, antes que Nicolae Rainea diera comienzo al encuentro.  En un estadio de aforo con 70.000 espectadores, los alemanes solo contaban con 10 mil apoyándoles.

Ambos equipos empezaron relativamente fuertes el encuentro. La primera ocasión fue transalpina a través de las botas de Roberto Bettega, con un cabezazo que obligó a Uli Stein a estirarse hasta lo límite de lo posible. Acto seguido llegaría el gol que pondría la diferencia en el marcador, con un auténtico zapatazo de Magath, colocada y con el interior, ante el que nada puede ser el internacional Zoff. Un gran gol que ponía de manifiesto que a la Juventus se le podía hacer daño no solo futbolísticamente, sino que también anímicamente. Un tempranero gol que les daba mucho margen a los chicos de Trappatoni para darle la vuelta al marcador. Sin embargo, los que vestían de rojo seguían acercándose con peligro a la meta de Dino: sobre el cuarto de hora, el polaco Boniek sacó sobre la línea el chut raso y cruzado de Kaltz. Sobrevolaba el 2:0 y los marcapasos de los hinchas italianos. No obstante, Stein intervendría otra vez en favor de su equipo para salvar, con una gran estirada, otro testarazo de Michel Platini. Hasta ahí duraron los 20’ de ocasiones por parte de los dos equipos, que se completó con un ritmo tedioso, lento y aburrido para los espectadores del Olímpico ateniense. Cabe destacar, de esta primera parte, a Magath, Milewski y Stein, erigiéndose éste último héroe en la segunda mitad.

IMPOTENCIA BIANCONERA

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Michel Platini durante un lance del encuentro. Fotografía: UEFA

El inicio de los segundos cuarenta y cinco minutos fue enérgica e imprecisa al mismo tiempo. Ernst estuvo más listo que Trappatoni, al que le desesperó el partido de Rossi, sacando a Marocchino. El técnico austriaco hizo situar a Bastrup con Gentile, lo que limitó sobremanera a Tardelli, que se vio obligado a hacer las coberturas en banda derecha. Inoperancia e impotencia fueron las palabras para resumir la actuación de los italianos en la segunda mitad. Animicamente tocados, el Hamburgo se vino arriba y generó otras dos buenas ocasiones que, de haberse aprovechado, bien pudieron poner un resultado más contundente en Grecia. Rolff y Groh tuvieron una gran ocasión de hacerlo, cuando una pared entre ambos, deja a Rolff solo, Zoff vuelve a salvar la ocasión de gol, algo que se repetiría poco después con un chut de Magath, que se marchó por encima de la portería del guardameta. Rainea no quiso aletargar el ruido que harían los campeones teutones, tomándose la revancha (en cierta manera) de lo que había pasado en la final del año anterior. Hamburgo recordó este momento como el más feliz de su historia, 32 años después de que ocurriese. Un recuerdo que aún permanece intacto entre los más veteranos del lugar y que pasan de generación en generación, de abuelos a nietos, una pasión por el equipo de sus amores. Una memoria que, al ejercitarla continuamente, sigue haciendo presente a una de las instituciones más seguidas de Alemania.


FICHA TÉCNICA

Copa de Europa (final): Hamburgo 1 – 0 Juventus

Estadio: Olímpico de Atenas (73.500 espectadores)

Arbitro: Nicolae Rainea (ROM)

Incidencias: Amonestó a Wolfgang Rolff (m. 35) y Jürgen Groh (m. 39) por parte del Hamburgo y a Massimo Bonini (m. 36) y Antonio Cabrini (m.39) por parte de la Juventus.

ALINEACIONES

HAMBURGO: Uli Stein; Manfred Kaltz, Ditmar Jakobs, Holger Hieronymus, Bernd Wehmayer, Jürgen Groh, Wolfgang Rolff, Lars Bastrup (Thomas von Heesen 56), Felix Magath, Jürgen Milewski, Horst Hrubesch. DT: Ernst Happel

JUVENTUS: Dino Zoff (c); Claudio Gentile, Sergio Brio, Gaetano Scirea, Antonio Cabrini, Massimo Bonini, Michel Platini, Marco Tardelli, Zbigniew Boniek, Roberto Bettega, Paolo Rossi (Domenico Marocchino 56). DT: Giovanni Trapattoni

GOLES

Felix Magath (1-0 m. 9).

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Escribo sobre fútbol (alemán). A veces tuiteo sobre política, cine y series. Grancanario de nacimiento; alemán de adopción.

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