final copa de europa 1974 bayer munich atletico de madridHay quien cree que el fútbol “solo” es un deporte en el que 22 protagonistas, un elemento esférico y tres jueces no son lo suficientemente importantes; que hay más cosas importantes en la vida de un ser humano. En términos absolutos puede que sea así, pero quizás nadie está preparado para escuchar semejante frivolidad. El balompié está lleno de historias que cuentan a un ganador y a un perdedor, una batalla sin armas de fuego que divide, no solo a 22 futbolistas, sino a aficiones del mundo entero. Un componente romántico y apasionado para aquel que tiene frío en su corazón. Sentimiento, corazón, alma, entrega, alegría, tristeza, sonrisa, sudor y/o lágrimas se condensan en una batidora que conforman infinitos relatos alejados del mercantilismo que, hoy en día, invaden este bendito deporte y entretenimiento; una evasión de la tristeza que asola la vida de miles de millones de personas. Es más, el fútbol es una metáfora de cómo pueden ser aquellas palabras que sirven para transmitir la emoción que falta en algún renglón de un libro; una metáfora de la misma existencia y obstáculos que absorben energías, perdidas ellas, entre lo vago y lo vano de su fondo.

Y si el fútbol es una metáfora de la vida, la Copa de Europa es el cénit de cualquier amante (estando en el campo o en la grada) de este deporte. Una historia de amor y odio a partes iguales para aquellos que, en alguna ocasión, vivieron y tuvieron la posibilidad de escribir la historia sobre el pergamino que recogen a los vencedores, para desgracia de los vencidos. Algo de esto sabe el Atlético de Madrid que supo, de motu propio, lo que es caminar entre la senda del ganador y el perdedor, en cuestión de segundos. Una pena que se alargó en una de las finales más largas de la historia, cuando un defensa alemán lanzó con toda la intención y fe un chut a la desesperada. Algo que forzase una igualada para que se pudiese jugar tras ese periodo extra de treinta minutos. Las rayas rojas y blancas se las enfundaron grandes héroes “colchoneros”, que jamás fueron lo suficientemente reconocidos por su valía, valor y coraje; por su fútbol, su elegancia y su buen hacer en una época cambiante dentro del día a día de la España franquista.

Bayern y Atlético de Madrid fueron ganadores y perdedores, intercambiando papeles con los bávaros, ayudando así a construir una leyenda que aún pervive en el imaginario colectivo de quiénes sintieron la década de los setenta; de aquellos que, increíblemente, aún recuerdan los sollozos de un partido que terminó siendo dos. A unos segundos de la gloria se quedó desolado el Atlético, cuya factura moral pasó a ser cobrada por los germanos en el segundo partido donde Hoeneß y Müller derriban, a base de grandes goles, su oportunidad histórica.

INEXPERTOS

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Luis Aragonés y la falta que le daba el triunfo al Atlético. ABC

Atlético y Bayern encaraban sus respectivas primeras finales de sus historias. Pese a que habían ganado sendas Recopas unos años atrás, en Copa de Europa nunca se habían enfrentado entre sí, ni habían llegado a una final. Eran como si los dos novatos de la clase llegasen a la final de un torneo hecho para expertos en la materia. El Atlético había pasado rondas gracias a la conocida como media inglesa- eliminando a equipos del este, donde el comunismo contrastaba con el gobierno reinante en la España de aquellos días (partidos no exentos de problemas) que los rojiblancos consiguieron solventar: Steaua Bucarest y Estrella Roja cayeron eliminados cuando llegaron a las orillas del Manzanares. Sin comérselo ni bebérselo, el campeón español de la época se enfrentaría al legendario Celtic, liderado por el mítico Jock Stein, con jugadores como el joven y carismático Dalglish, el habilidoso Johnstone, o el veterano Billy McNeill en sus filas. Su partido de ida (el del Atlético) en Parkhead no fue demasiado memorable, al revés de lo que fue la vuelta que le había puesto en la final. Una final disputada en el estadio Heysel y al que el Bayern llegó con más problemas de los previstos dada su inexperiencia previa en Copa de Europa (Saint Etienne y Ajax se reparten culpas de ello).

Los bávaros pasaron desde el punto de penalti ante los desconocidos Åtvidabergs sueco, al que solo pudieron superar desde el punto de penalti. El resto de eliminatorias fue como una especie de Titanic de final más feliz: Dynamo Dresden (épica), CSKA Sofía y los históricos húngaros del  Újpest en ½. El esfuerzo y el duro trabajo habían dado su recompensa. Las figuras de Beckenbauer, Müller o Breitner empezaban a tener un nombre lejos de la RFA. Comenzaban a llamar la atención, tanto como las ABBA en Eurovisión en esa época. Su voz era el balón y los 11 del campo, los protagonistas del primer gran campeón de la Bundesliga. Eso, y que corrían más y mejor que su rival de enfrente.

Heysel estaba preparado para ver a dos imberbes que se encontraban por primera vez, con una puntualidad casi británica y esencia a bombón belga que pululaba en el ambiente de Bruselas. Emigrantes españoles en el extranjero  y oleada de bávaros aportaron su granito de arena con un ruido escandaloso. Vital Loraux puso el reloj en marcha y el partido se inició con un ritmo acompasado, que no lento. Con el paso del tiempo, el Bayern conseguiría imponerse (no con mucha diferencia) al Atlético de Madrid. Los alemanes marcaban con dos atrás (Schwanzerbeck y Hansen), alternando libertades entre Beckenbauer y Breitner; de esta manera, fijaba marcas individuales sobre Ufarte y el veterano Gárate, permitiendo incorporaciones al ataque de un jugador más de la línea defensiva. El Atlético tenía más calidad en la media: Luis Aragonés mandaba con una invisible batuta y unos “zapatones” de impresión al conjunto colchonero; lo movía a su antojo acompañado del trabajo de Eusebio e Irureta, dejando a Salcido las labores de enganche detrás de los dos delanteros. Encuentro equilibrado, de “poder a poder” entre dos conjuntos que jugaban a un ritmo más lento y acompasado, pero más técnico y ofensivo de lo que cupiera esperar. Una primera parte bastante guionizada: el Atlético mandaba sobre el verde belga, mientras el Bayern esperaba atrás y salía más a la contra. Moviéndose en transiciones, siendo más agresivos con la defensa colchonera.

Müller suspendido durante la final de 1974. The Guardian
Müller suspendido durante la final de 1974. The Guardian

La continuación parte fue por los mismos derroteros, con un Atlético mejor posicionado y con ocasiones mucho más clamorosas que lo de los teutones. El perdón conlleva un castigo y esto fue lo que lastró el Atlético al término de los noventa minutos. El marcador era “gafas”, pero el cansancio era tal, que la fuerza extra solo se la dio Luis Aragonés cuando, de una falta directa, vio que se colaba a la derecha de Maier. El 1:0 parecía el éxtasis necesario, sin embargo, la gloria reservada a los grandes se convirtió en fracaso cuando alguien de apellido impronunciable miró a su empeine y no pensó, sino que actuó: “¿Por qué no?” El resultado lo conocemos todos: el gol entró inapelable y las leyendas o mitos repartidos de “boca en boca” a las siguientes generaciones colchoneras siguen cohabitando las mentes de aquellos que, queriendo contradecir a ese tópico del que “no se recuerdan a los segundos”, encuentran su excusa perfecta para ser felices recordando aquella triste historia.

DERROTA INCONTESTABLE

replay final copa de europa 1974 bayern munich atletico de madridEl segundo partido de aquella final tuvo dos nombres propios (Hoeneß y Müller). El Bayern se recuperó de los dos días anteriores, donde “San Isidro” le dio la espalda a los devotos rojiblancos y le dieron una segunda oportunidad al Bayern y al futbol alemán. Éstos, con mejor forma física y anímica, barrieron literalmente del campo a un Atlético que solo pudo aguantar con orgullo 45’. Después del aplastamiento en juego y forma, dos días después de aquél trágico día. los pájaros de barro que tan bien echó a volar Manolo García para contagiarse de su optimismo, terminaron volviendo a las mentes atléticas cuarenta años más tarde, allí, en la tierra del fado.


FICHA TÉCNICA

Copa de Europa (final): Bayern Munich  1 – 1 Atlético de Madrid

Estadio: Heysel (49.000 espectadores)

Arbitro: Delcourt (BEL)

ALINEACIONES

BAYERN MUNICH:  Maier; Hansen, Breitner, Schwarzenbeck, Beckenbauer; Roth, Zobel, Hoeness; Torstensson (Durnberger), Müller, Kapellmann. DT: Udo Lattek

ATLÉTICO DE MADRID: Reina; Melo, Capon, Adelardo, Heredia; Luis, Eusebio, Irureta; Ufarte (Becerra), Garate, Salcedo (Alberto). DT: Lorenzo

GOLES

Luis Aragonés (0-1 m. 114), Schwarzenbeck (1-1 m. 119)


Copa de Europa (repetición final): Bayern Munich  4 – 0 Atlético de Madrid

Estadio: Heysel (23.000 espectadores)

Arbitro: Delcourt (BEL)

ALINEACIONES

BAYERN MUNICH: Maier; Hansen, Breitner, Schwarzenbeck, Beckenbauer; Roth, Zobel, Hoeness; Torstensson, Müller, Kapellmann. DT: Udo Lattek

ATLÉTICO DE MADRID: Reina; Melo, Capon, Adelardo (Benegas), Heredia; Luis, Eusebio, Albert (Ufarte); Garate, Salcedo, Becerra. DT: Lorenzo

GOLES

Hoeness (1-0 m. 28, 4-0 m. 83), Müller (2-0 m. 58, 3-0 m. 71).

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Escribo sobre fútbol (alemán). A veces tuiteo sobre política, cine y series. Grancanario de nacimiento; alemán de adopción.

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