final champions league 2002 real madrid bayer leverkusenLa final de la Copa de Europa de 2002 estará ligada por siempre al nombre de Zinedine Zidane. En menor medida también lo estará a los de Raúl y Casillas, éste último héroe inesperdao en Hampden Park. Estos tres jugadores fueron capaces de devolver al Real Madrid al Olimpo europeo en un partido en el que su equipo fue devorado por un extraordinario Bayer Leverkusen. Las individualidades salvaron al colectivo e hicieron posible la Novena, después de la cual comenzaría una travesía por el desierto más árido, con la obsesiva búsqueda de la Décima como castigo. 

Por tercera vez en los últimos seis años el Madrid regresaba, como si estuviera predestinado a ello, a la cita más importante del fútbol continental. Habían pasado dos años desde el relevo presidencial. Florentino Pérez se situó al frente de la entidad derrotando Lorenzo Sanz en las elecciones. Su llegada supuso un cambio en la política del club, empeñándose en fichar cada temporada a los mejores jugadores. Así, después de Luis Figo llegó aquel mágico bailarín francés llamado Zidane. Ellos acompañaron a los Fernando Hierro, Raúl y Roberto Carlos. También a Pavón, que simbolizó aquella apuesta por mezclar ‘Zidanes y Pavones’ de manera estéril, como más tarde se demostró. Al frente de aquel equipo continuaba Vicente del Bosque, con una Liga y una Champions en el bolsillo, pero con la imperiosa necesidad de no firmar en blanco el año del centenario del club. Tras el ‘centenariazo’ en Copa del Rey en el Bernabéu, ésta era la última bala.

Hampden Park, mítico escenario en el que el Madrid de Di Stéfano levantó su quinta Copa de Europa ante el Eintrach de Frankfurt, volvió a reunir a los blancos y a otro equipo alemán. Aquel Bayern 04 Leverkusen tuvo la derrota como castigo, privándole de toda gloria. Klaus Toppmöller confeccionó una plantilla exquisita, capaz de romper el prototipo resultadista que perseguía al fútbol alemán. La campaña prometía ser histórica, pero el destino tenía reservado un desenlace cruel, a la altura de Leigh Whannell, guionista de Saw.

El equipo de la aspirina cumplía 98 y encaraba la recta final de la temporada líder de liga, y finalista de Copa y Champions. Dos derrotas en las últimas jornadas mandaron al traste el campeonato doméstico, la Copa fue a para para el Schalke 04 y, como ya se ha dicho, Zidane, Raúl y Casillas ofrendaron la orejona a la diosa Cibeles. Nació aquel equipo que casi gana pero siempre pierde, el ‘Neverkusen’, como le cantan en las gradas alemanas. 

DOMINIO DEL BAYER, INTENSIDAD A PARTES IGUALES

Barcelona y Bayern de Munich perecieron en el camino del Madrid; Liverpool y Manchester en el caso del Leverkusen. Con semejantes víctimas pocos dudaron de que la victoria en la final habría que trabajarla. No hubo metro del campo por el que no se sangrara. En esas el trabajo se multiplicó para Claude Makélélé, amo y señor de las coberturas en el Madrid. Los blancos dominaron los primeros compases. El equipo estuvo entero, merodeando el área de Butt. No fue a la primera, pero si a la segunda cuando Roberto Carlos conectó un saque de banda lejano con Raúl, que ya corría a la espalda de Lucio y Sebescen, central sustituto de Nowotny, baja germana. Raúl pateó suave el balón con su pierna izquierda hacia el palo largo del portero, que no llegó. Jamás un saque de banda fue tan letal.

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Raúl supera a Butt con un sutil toque. Fotografía de Marca

Poco tiempo dio a saborear la ventaja. Unos minutos después, en un saque de falta lateral, Lucio se adelantó a la zaga y cabeceó para batir a César. Aquel joven brasileño era todo un portento físico y técnico, capaz de salir de la cueva y armar una contra en solitario. Su desorden era suplido por los latelares  Živković y Placente, con menor proyección ofensiva. Así pues, 13 minutos después del pitido inicial de Urs Meier volvía la igualdad. El gol resquebrajó el empaque de los de Del Bosque, sumisos ahora al Leverkusen. Un joven Michael Ballack, consagrado como perla alemana tras sus 17 goles en Bundesliga, y por tanto fichado por el Bayern, se hizo omnipresente. Le acompañaban el menudo Baştürk, Schneider en un costado y Brdarić, sustito del sancionado Zé Roberto, tendido en el lado opuesto. Detrás de todos ellos barría Ramelow, pieza clave para liberar de trabajo a los talentos de arriba. El juego entre líneas y la presión alta dieron trabajo al guardameta del Madrid. Los alemanes veían el triunfo ahí y Toppmöller apostó por introducir al talentoso Berbatov por Brdarić apenas transcurridos 39 minutos. 

LA NOVENA MARAVILLA 

El descanso asomaba en tierras escocesas cuando Solari, eterno discutido, combinó con Roberto Carlos. El brasileño recorrió la banda izquierda mientras el balón sobrevolaba su cabeza. Un bote y, sin control mediante, balón al cielo. El cuero llegó a su altura máxima para a continuación caer como granizo. Zidane esperaba allí, dentro del área, justo donde cruza el semicírculo. Uno puede describir goles imposibles, de esos en los que cuentas los rivales que se han dejando atrás, de esos con remates lejanos, de cabeza, acrobáticos… pero no este. O por lo menos, no con las palabras adecuadas, con la metáfora sincera y fiel que exprese lo que fue. Zidane descubrió una volea descatalogada, mezcló fútbol y danza, desafió a la física, firmó un tratado de termodinámica. Se apoyó sobre la pierna derecha, el balón aún caía y su cuerpo comenzó a girar. La zurda, su zurda, se elevó al nivel de sus hombros. Y entonces, ¡PAM!. El balón giró y dibujó una trayectoria perfecta. Seguro que en aquel momento una gota se desprendió del sudoroso rostro del francés. A cámara lenta, el balón, obediente, hizo lo que el mago le ordenó. Desvirgó la escuadra de Butt.

“Toma, toma, toma…”, gritó el francés con el puño cerrado. Quería, por fin, su primera Copa de Europa.

54 SEGUNDOS 

Sin tiempo para digerir semejante golazo, los dos equipos caminaron absortos hacia el túnel de vestuarios. A la vuelta el Bayer dio todo de sí, atacando por todos los frentes. Del Bosque necesitaba a todos al 100%, y ese no era el caso de Luis Figo, cambiado por McManaman. En un balón al área Lucio buscó de nuevo el remate y chocó con César, que cayó lesionado. Intentó seguir, pero no pudo, era el turno de Iker. 

El partido estaba roto, moría poco a poco. El Madrid pudo sentenciar por medio de Solari o Raúl, pero Butt no dio permiso. Los laterales del conjunto alemán eran centrocampistas, insufrible trabajo para la defensa blanca. Ya en la recta final, el propio meta alemán, que también lanzaba penaltis, subió a rematar un córner. Y lo logró, pero sin fortuna. Quedaba lo peor, lo mejor para Iker Casillas como ha demostrado el tiempo, pues fue ahí cuando sus hazañas comenzaron a cobrar tintes sobrenaturales, religiosos. Esa noche se empezó a redactar su santoral. En 54 segundos Baştürk y dos veces Berbatov forzaron sus fantásticas intervenciones. Sobre todo la segunda, sacando el remate del delantero búlgaro con los pies. Con la moral rota por los infortunios, los alemanes claudicaron. 

El Madrid volvía a ser campeón de Europa, defendía su historia, cumplía esa obligación que impone el pasado del club. España se colocó en solitario como líder en el palmarés de países con más Champions League. Los jugadores fueron subiendo a la plataforma donde esperaba la Copa. Hierro y Raúl conversaban los últimos sobre cómo levantarla, eran los capitanes. Finalmente fue Hierro el primero. A los segundos se unió Raúl, levantando juntos, como hombres de la casa, que no como galácticos, la preciada orejona


FICHA TÉCNICA

Liga de Campeones 2001/2002 (final): Real Madrid 2 – 1 Bayer Leverkusen

Estadio: Hampden Park (51.456 espectadores)

Arbitro: Urs Meier (SUI) con Francesco Buragina (SUI) y Felix Zueger (SUI) como asistentes

Incidencias: Amonestó a Míchel Salgado (m. 45+2) y Roberto Carlos (m. 89) por parte del Real Madrid.

ALINEACIONES

REAL MADRID: César Sánchez Domínguez (Iker Casillas 68’); Míchel Salgado, Fernando Hierro (C), Iván Helguera, Roberto Carlos; Luis Figo (Steve McManaman 61’), Claude Makelele (Flavio Conceiçao 73’), Zinédine Zidane, Santiago Solari; Raúl González, Fernando Morientes. DT. Vicente Del Bosque.

BAYER LEVERKUSEN: Hans-Jörg Butt, Zoltan Sebescen (Ulf Kirsten 65’), Boris Zivkovic, Lucio (Marko Babic 90’+1), Diego Rodolfo Placente, Bernd Schneider, Carsten Ramelow (C), Yildiray Bastürk, Michael Ballack, Oliver Neuville, Thomas Brdaric (Dimitar Berbatov 39’) DT. Klaus Toppmöller

GOLES

Raúl González (1 – 0, m. 8), Lúcio (1 – 1, m. 14) Zinédine Zidane (2 – 1, m.45).

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Periodista y Community Manager. Cofundador de Football Citizens. Ahora me encargo de la dirección, diseño web y edición. Jugando el balón con criterio.

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