david jimenez el lugar mas feliz del mundoEl periodista español David Jiménez abandonó la redacción de El Mundo en 1998 para embarcarse en la nueva corresponsalía que su diario, del que también fue director, abría en Asia. Desde allí fue testigo guerras, revueltas, catástrofes… que cubrió con la dosis de valor –o insensatez– que caracterizan a los grandes reporteros.

Seguramente fue la falta de espacio, y la incapacidad de los periódicos para recoger todos los detalles de un país en un simple reportaje, lo que le empujó a plasmar sus vivencias en diferentes libros. Después de su estreno con Hijos del Monzón (Kailas, no ficción, 2007) llegaron El botones de Kabul (La Esfera de los libros, ficción, 2010) y El lugar más feliz del mundo (Kailas, no ficción, 2013), una radiografía en la que desnuda las distintas realidades de Asia.

Es en esta última obra en la que, en mitad de dos historias, el fútbol encuentra su lugar. Lo hace por primera vez en medio de las junglas de Papúa Occidental. Raúl González y su Real Madrid serán la excusa perfecta con la que ganarse a dos guardias de seguridad:

He pedido autorización al gabinete de comunicación de la multinacional Freeport para visitar las minas de oro. El tipo al otro lado del teléfono lamenta que no pueda ser (…) y me pide que lo intente en un año.

– Hay controles de seguridad –dice tratando de desanimarme a intentar el viaje por mi cuenta, quizá desconociendo que saltarse los controles en uno de los pasatiempos favoritos del reportero.

Los guardias que bloquean el paso en las afueras de Timika, camino de la mina de oro, no se contentan con el tabaco y no se dejan comprar con el alcohol porque son musulmanes. Su debilidad es el fútbol, les apasiona el Real Madrid y su jugador favorito, como muchos indonesios de la época, es Raúl González, el legendario siete del equipo blanco. Yo hace algunos años que viajo por Indonesia con la fotografía en la que Raúl aparece sujetando en brazos a uno de mis hijos durante una gira del Real Madrid por Asia.

– ¿Amigo suyo?

– Íntimo

– ¿En serio?

– Como de la familia. Quizá podría pedirle un par de camisetas firmadas.

– ¿Haría eso por nosotros?

– Si me dan una dirección, se las hago llegar. ¿Tabaco? No habría problema. Los seguidores del Real Madrid nos tenemos que ayudar entre nosotros, ¿no?

– Sabe, si promete que solo estará unos minutos, quizá podría pasar al otro lado. Si le preguntan, diga que trabaja para Freeport y que se dejó el pase en casa.

– Me dejé el pase en casa.

– Eso es.

Un segundo episodio tiene lugar en Corea del Norte. ¿Puede el fútbol colarse en la realidad norcoreana y albergar críticas al régimen de Kim Jong-il?

Todos los días visita una librería del centro, donde la mayoría de los títulos forman parte de bibliografía del Querido Líder, a quien la propaganda atribuye la autoría de 10.000 (…) Mi librera me habla todos los días de fútbol, un interés que me desconcierta hasta que el último día, en un momento en el que no hay nadie más en la tienda y los guías esperan en la calle, susurra lo más cercano a una crítica al régimen que he escuchado en mis viajes a Corea del Norte.

– Nuestro país… nunca ganará al fútbol –dice la joven.

– Bueno, nunca se sabe –digo, recordando el Mundial del 66 en el que los norcoreanos asombraron al mundo con su victoria sobre Italia–. Lo mismo el equipo se clasifica para el próximo mundial. 

– Es por el Gobierno. No es como el suyo…

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