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Alineación del Benfica en 1961

Béla Guttman debe ser para los niños portugueses seguidores del Benfica algo así como una versión propia del coco. Un fantasma con el que tener pesadillas, un mal sueño que nunca se acaba. Una maldición que no termina.

El entrenador húngaro fue el artífice del espectacular Benfica campeón de Europa en 1961 y 1962. En esas dos finales los portugueses ganaron primero al Barcelona (3-2) y luego al Real Madrid (5-3). Probablemente uno de los hombres más misteriosos que ha dado el fútbol. Sobradamente conocida es ya su maldición, a la que los aficionados del Benfica atribuyen parte de la culpa de ese lento peregrinaje por el desierto. Más de cincuenta años ya sin conquistar un título europeo.

La figura de Guttmann hasta su llegada al Benfica merece un rápido repaso. De padres judíos, nació en Budapest en 1899 cuando la ciudad era una de las capitales del Imperio Austro-Húngaro. Bajo la batuta de sus padres, bailarines ámbos, comenzó a dedicarse a la danza clásica. Cuentan que siendo apenas un adolescente ya tenía un título de danza clásica. Pero muy pronto se decantó por el fútbol. Con apenas 20 años debutó en la liga de Hungría, pasando después a Austria. A partir de la segunda mitad de los años 20 Guttmann jugó en Estados Unidos, donde llegó a regentar un bar clandestino durante la etapa de la ley seca.

En 1938 volvió a Hungria para desarrollar una carrera como entrenador que había dado sus primeros pasos en Estados Unidos. Su condición de judío provoca un vacío en su historia, y apenas se sabe nada de su vida durante la Segunda Guerra Mundial. Un hermano suyo falleció en un campo de concentración nazi, y se especula con que el propio Béla estuvo recluido en uno de ellos. Él mismo se encargó de sembrar la incertidumbre al respecto guardando un silencio absoluto sobre aquella etapa.

En el año 1958, tras una etapa en Brasil, desembarcó en Portugal, entrenando al Oporto y llevándolos hasta el título de Liga. La temporada siguiente fichó por el Benfica e inició una revolución total en la plantila, con la incorporación estrella de Eusébio. Comenzaba así la etapa más brillante de un equipo que ha vivido anhelando aquellos años, condenado por aquella maldición.

Eusébio y Guttman
Eusébio y Guttman

UNA REVOLUCIÓN

Ese primer año en Lisboa sirvió para comprobar de que piel estaba hecho Guttmann. Dio de baja a la mitad de la plantilla y promocionó a muchos jugadores de la cantera del equipo.Ganó dos ligas consecutivas en el 60 y en el 61, y fue tras su primera temporada cuando su carrera se unió irremediablemente a la de un personaje singular. Juntos se harían más grande el uno al otro. Eusebio era por entonces un joven mozambiqueño de 17 años al que el Sporting de Lisboa había tentado con una importante oferta. Guttmann y la directiva echaron el resto y se lo robaron a sus vecinos.

Pero antes de Eusébio aquel Benfica ya era todo un prodigio. Un equipo joven, rápido y que desarbolaba físicamente a todos sus rivales. Un equipo en el que destacaban jugadores como José Augusto, Santana y José Aguas, que alcanzaron los 21 goles en esa edición de la Copa de Europa en la que el Benfica se convirtió en el primer campeón que acababa con los cinco años de dominio inicial del Real Madrid. Aquel tridente fue clave para alcanzar el triunfo en una final contra un Barcelona que contaba con sus cuatro magníficos: Kubala, Kocsis, Luis Suárez y Czibor.

Aquel tridente ocupaba una disposición en el campo en la que no eran los hombres más adelantados. De hecho su demarcación sobre el esquema era la de centrocampistas, lo que pone de manifiesto la innovación táctica que Guttmann trajó a Europa con el esquema 4-2-4 que ya había ensayado en Brasil.

Con la llegada de Eusebio el equipo multiplicó su capacidad física y llevó al Benfica a su segunda final consecutiva, en esta ocasión contra el Real Madrid. El Estadio Olímpico de Amsterdam fue escenario de una contienda entre el joven equipo lisboeta contra los estertores de ese gran Madrid que había dominado Europa pero que vivía sus últimos días de gloria. Esa pujanza se dejó sentir en la final. Los blancos se pusieron 0-2 y llegaron al descanso con ventaja de 2-3 gracias al hat-trick de Ferenc Puskas. No hubo historia en la segunda parte, el poderío físico de los portugueses se impuso, y el resultado final fue de 5-3.

Después de esas dos Copas de Europa Guttmann se marchó del Benfica por desavenencias con la directiva. Dando origen a la famosa maldición, pero quedó un gran legado, que sirve para presentar al Benfica de aquella época como uno de los iconos de la historia del fútbol europeo. 10 Ligas, 5 copas portuguesas, 2 Copas de Europa y otras cinco finales convierten a este equipo en el que Guttmann puso la semilla en el mejor club portugués de la historia. Un equipo coral, pero que contó con Eusebio, uno de los mejores jugadores europeos de siempre, como pieza fundamental de ese engranaje.

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Licenciado en Periodismo por la Univerisdad Carlos III de Madrid. Trabajo en ABC desde 2012. Actualmente redactor en la sección de España.

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