Los años dorados de la ‘Bayern Dusel’

Un portero sin acierto, unos palos malditos y un fuera de juego que nadie más que el árbitro pudo ver. Tres momentos, tres historias que determinan el pedigree de un campeón. Hoy el Bayern Munchen es, comúnmente, uno de los mayores equipos del mundo. A mediados de los setenta no era ni siquiera uno de los grandes escudos de una Alemania, cuya Bundesliga había cumplido solamente su primera década. La historia del Bayern hasta la década de sesenta tenía episodios curiosos, alguna gesta, pero distaba mucho de pertenecer al reino de las leyendas. Quince años después, todo había cambiado. Todo gracias a esas tres historias, esos tres momentos malditos para los que cayeron y míticos para los héroes de la Baviera.

bayern beckenbauer

El equipo que conquistó Europa en los setenta había sido preparado para esos momentos casi una década antes. Aprovechando a su cantera – y la de algunos equipos vecinos – el Bayern saltó de la obscuridad de la 2. Bundesliga para la pelea por el título de campeón nacional. Por el camino conquistó la Recopa – uno de los grandes hitos del futbol alemán en los sesenta, hoy totalmente olvidado – y empezó su mano a mano con el Borussia Monchengladbach. Al final de la contienda, en 1980, los “Die Fohles” tenían más Bundesligas en su haber, logrando incluso una serie de cuatro títulos consecutivos. Pero el Bayern, al contrario de sus rivales, casi malditos, había sido coronado rey de Europa. Una, dos y tres veces.

RAÍCES

La matriz de ese equipo que es parte de la leyenda es claramente danubiana. La influencia de los entrenadores yugoslavos – ambos protagonistas en los días de la mítica Mitropa, la época dorada de las competiciones europeas pre-UEFA – Zlatko Cajkovski y Branco Zebec, era evidente en un conjunto que tenia de todo. Sabía atacar como el más veloz, incisivo y letal de los rivales y defendía con estoicidad y certeza. La leyenda de su suerte levantó el fantasma de un equipo duro y defensivo pero el Bayern fue siempre una formación de tracción delantera, alimentada por la voracidad de un genio del gol llamado Gerd Müller, siempre bien escoltado por futbolistas de la talla de Uli Hoeness, Paul Breitner, George Schwarzenbeck y claro, el inimitable Franz Beckenbauer. El ‘Kaiser’, que había empezado como mediocentro en su juventud, se definió a sí mismo como el paradigma del libero en los años setenta, un perfil distinto de su origen defensiva italiana. De sus pies salía cada movimiento, cada golpe, dirigido siempre con maestría.

La conexión de Beckenbauer con un medio campo que mesclaba la astucia de Kappellman con la voracidad de Roth fue clave pero los goles de Muller terminaran casi siempre por hacer la diferencia. Con ese bloque, el equipo sobrevivió a la dura paliza aplicada por el Ajax en los cuartos de final de la Copa de Europa de 1973. Una derrota por 4-0 que dejó su huella. Fue también la última del Bayern en Europa en los cuatro años siguientes.

TRIENIO TRIUNFAL

En 1973/74 los bávaros, con un joven Udo Lattek al mando, estaban de vuelta y en esta ocasión para triunfar. Los goles del sueco Tortensen, en el partido de la primera ronda con la camiseta del AIK, llevaron al Bayern a ficharle a tiempo de ser determinante en una eliminatoria llena de morbo contra el Dinamo de Dresden, campeón de la vecina Alemania Oriental. Fue la eliminatoria clave de ese año. Superado el trámite, el Bayern se plantó en Bruselas para medirse al Atlético de Madrid como claros favoritos. Sufrieron más de lo que contaban y estuvieron a punto de caer en los instantes finales de la prorroga después de que un tiro de falta perfecto de Aragonés batiera a Sepp Meier, otro mito clave para este equipo. Todo podía haber terminado aquí y quizás hoy nadie hablaría del Bayern en los términos que hace. Pero en esa noche empezó también la leyenda de la ‘Bayern Dusel’, la suerte del Munich. En los últimos segundos un tiro de Schwarzenbeck, a la desesperada, se encontró con un Reina perdido en sus pensamientos. Empate, partido de replay y paliza histórica para coronar al primer campeón de Europa made in Germany.

Esa fue la primera de las muchas demostraciones de la suerte bávara en Europa. Aunque el equipo terminó por cambiar de entrenador, con Beckenbauer teniendo un papel clave a la hora de elegir a Dietter Cramer, un técnico más manejable por el vestuario donde se empezaba a formar una autentica cooperativa que terminaría por asaltar la cúpula directiva del equipo, los triunfos seguían. El Bayern había sobrevivido al acecho de los equipos españoles en el año anterior. El mercado de extranjeros se había vuelto a abrir y aunque el Madrid fue a por Netzer – estrella de sus rivales, el Gladbach – el Barcelona intentó fichar a Müller. Al final la cosa se torció y fue Cruyff quien terminó por vestir de blaugrana. Un momento clave en esta historia.

Al año siguiente Breitner sí aceptó cambiar Múnich por Madrid, pero las rutinas colectivas hicieron que su marcha apenas se notara. El Bayern cabalgó con autoridad hasta la final, disputada en París contra el Leeds United. Una vez más la suerte estuvo de su lado. Los ingleses fueron mejores – hubo dos penalties claros a su favor por señalar –  y lograron abrir el marcador pero el árbitro galo Michel Kitabadjian anuló el gol de Lorimer después de haberlo dado por bueno. A la vez que en la grada empezasen a estallar los primeros brotes de hooliganismo, Müller y Roth apuntaron los goles del triunfo agónico de los alemanes en la noche en la que UEFA celebraba sus veinte años de vida. El triunfo salvó la cabeza de Cramer, después de una temporada liguera muy cuestionable, y abrió la puerta a una nueva participación consecutiva en la Copa de Europa.

Camino de su tercera final, el Bayern superó a rivales incomodos sin grande brillantez pero en Glasgow los favoritos eran otros, los galos del Saint Etienne, uno de los equipos más atractivos y malditos de su generación. El encuentro fue un monólogo francés que se topó veces sin cuenta con Maier y sus palos. El desespero fue tomando las gradas y la cabeza de los jugadores Verts, un desespero evidente en el rostro inconsolable de Dominique Rocheteu, su máxima estrella, cuando Roth firmó el gol contra la corriente del partido que sellaba la historia. El Bayern Dusel había aparecido en Europa por última vez.

El estilo de juego del Bayern, siempre más pragmático en Europa que en la Bundesliga, era el espejo de la evolución del concepto de Futbol Total de sus principios holandeses para un mecanismo más automático popularizado por los emblemas germanos. Quizás por ello – y por su evidente suerte – a ese Bayern se recuerda con respecto pero poco cariño. No obstante, con todos los matices, lo cierto es que fueron el último equipo a retener la Copa de Europa en tres ocasiones, algo que el Real Madrid y el Ajax, equipos mucho más glorificados, habían logrado antes.

A finales de los setenta, con el éxodo de la generación de oro, muchos de ellos rumbo a Estados Unidos, el Bayern desapareció del mapa de las grandes noches europeas. Sus retornos fueron frugales y llenos de drama. El destino quiso equilibrar las escalas quizás. Superados por un gol inesperado contra el Aston Villa y por una remontada impensable contra el Porto, el Bayern cayó en una depresión que llegó a su máximo momento cuando el Manchester United apuntó sus dos goles en setenta segundos en el descuento más famoso de la historia. Quince años después de esa noche los bávaros ya han vuelto a triunfar – y por partida doble – en Europa, pero ninguno de esos equipos ha logrado igualar el estatuto de leyenda logrado por aquel equipo de ‘Kaisers’ y ‘Bombarderos’ que puso la Europa a sus pies en sus míticas noches europeas.

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Autor de los libros Noches Europeas / Toni Kroos / Sonhos Dourados / Noites Europeias / CineGuia: Autor, Periodista e Historiador; Madrid-Porto 1984

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