Guardiola y Messi festejan tras ganar un Clásico. Eurosport
Guardiola y Messi festejan tras ganar un Clásico. Eurosport

Escribir sobre el Barcelona de Pep Guardiola es como hacerlo de Messi, muy difícil. Encontrar adjetivos, elogios o halagos que no hayan sido usados todavía es una tarea ardua y complicada. Hablamos de uno de los mejores equipos de toda la historia del fútbol, que ha dejado partidos grabados a fuego en las retinas de los aficionados.

Aunque el once tipo que casi todo el mundo recuerda es el de Wembley en 2011, que veremos más adelante, Pep Guardiola comenzó su etapa con una plantilla que contaba con nombres como Gudjohnsen, Sylvinho o Hleb.

EL BARÇA DEL TRIPLETE EN 2009

Aquel equipo que empezó sembrando dudas en Soria y en casa contra el Racing las fue despejando rápidamente hasta no dejar ni rastro de las mismas en el Estadio Olímpico de Roma un 27 de mayo de 2009. Ese equipo, el primero del ciclo de Pep, se caracterizaba principalmente por una recuperación muy marcada del hambre. Tras una limpieza en el vestuario, la sensación de ‘panxa plena’ reinante en el ambiente en el año anterior había desaparecido totalmente.

Alineación del Barcelona en 2009
Alineación del Barcelona en 2009

La presión era arriba, dificultando siempre la salida de balón al rival, y que requería un desgaste físico increíble, personificado en la persona de Samuel Eto’o. El camerunés era el primero en presionar cuando se perdía el balón, sin importar cuanto esfuerzo requería la tarea. En muchísimos partidos el agobio resultaba tan asfixiante que el rival se veía descompuesto, sin saber qué hacer con el balón y optando por rifarlo en la mayoría de las ocasiones.

No sólo era una forma de atacar, ya que al recuperar el balón tan arriba, el esfuerzo para llegar era menor (sin contar las ocasiones en las que el error se producía cerca del borde del área, lo cual generaba numerosas ventajas con la defensa rival descompuesta y los delanteros ordenador) si no una forma de defender. Mordiendo la salida del equipo contrario, la transición defensiva del equipo se veía menos resentida, ya que al estar tanto tiempo pisando campo enemigo dejaba demasiados metros hacia atrás que cubrir.

Para ayudar a mejorar en esa tarea de recuperación, Pep tiró de cantera. No le llegaba el terreno que cubría el idolatrado Yaya Touré (quién a la postre, resultó un comodín muy útil esa temporada) y decidió apostar por un desconocido Sergi Busquets. El resultado ya es conocido por todo el mundo: un pilar básico desde entonces para el Barça y para la selección española.

Sergio recuperaba arriba y solventaba atrás, canalizando con la fluidez que necesitaba el equipo a uno o dos toques. Ya estaban sentadas las bases de lo que caracterizaría el Barça de Guardiola durante sus 4 años como entrenador: el juego de posesión, ordenarse a través del balón, laterales profundos y abrir el campo todo lo que fuera posible y más.

Xavi alcanzó una conversión que ya se había vislumbrado cuando Davids lo hizo sentir más cómodo guardándole las espaldas. Dejó de ser un 4 para convertirse en un 6 que lo ganaría todo, como 6 fueron también los goles que consiguió el equipo en el Bernabéu jugándose la Liga. Además de la gran exhibición de juego de aquel día, pasará al recuerdo por ser la primera vez que Messi ocupó el puesto de falso 9, lugar donde a la postre terminaría batiendo todos los registros goleadores existentes. El golpe en la mesa de un equipo que llegó a la época de Marzo-Mayo en plenitud física y mental. Eran imparables.

Los títulos empezaron a llegar como consecuencia del fútbol desplegado y la admiración por este equipo que lo ganaba todo no había hecho nada más que comenzar. En Roma, ante el Manchester United de Alex Ferguson, Eto’o hacía de abrelatas y Messi la colocaba lejos del alcance de Van der Saar. 3 títulos en la misma temporada. Habría más.

LA EVOLUCIÓN DEL BARÇA DE PEP HASTA WEMBLEY 2011

alineacion barca 2011
Alineación del Barcelona en 2011

Los títulos no frenaron a Guardiola en la búsqueda de la excelencia. Fue previsor, advirtiendo que el ritmo físico de presión que había mostrado el equipo el año anterior no podría mantenerse a largo plazo. Como ya no se necesitaba esa presión, Eto’o cogió la puerta de salida para que llegase Ibrahimovic. Pep tenía la sensación de que muchos rivales habían aprendido cómo podían hacerles daño, sobre todo dificultando la salida de balón del equipo, por lo que confió en que un delantero como el sueco ofreciese una descarga directa del balón y una referencia constante arriba para aliviar al resto de compañeros. La jugada no salió bien. Ibrahimovic nunca se acostumbró al juego colectivo y mucho menos a no ser el centro de atención, pero a pesar de ello el pecho de Messi y el Pedro que mojaba en todas las competiciones daban al club su primer mundialito. Pedro se convirtió en una de las armas preferidas de Pep cuando el campo necesitaba anchura, elevando al jugador a las más altas cotas del fútbol profesional como hizo con Busquets. Sin embargo, pese a que la irrupción de Bojan permitió que no se escapase la Liga, había síntomas de que se necesitaba otra vuelta de hoja si Pep quería volver a conquistar Europa. Y así fue.

David Villa suplió a Henry, Busquets ya era indiscutible y Mascherano, en principio suplente de Sergi, se vería reconvertido en central. La presión del equipo había cambiado, ya no se hacía de manera individual, sino de forma colectiva, grupal. Se seguía recuperando el balón muy arriba pero el esfuerzo era menor. El toque de gracia: Leo Messi jugaría de falso 9. Con esfuerzos cortos, participando mucho en el juego y al borde del área, Leo vivió su mejor momento como goleador. Ese año sería el cénit del equipo, donde conseguiría el punto más álgido de su fútbol, y el once que sin duda pasó a la historia.

La final de Wembley en 2011, en un sitio con tanto significado para los azulgranas, será un partido difícil de olvidar para el aficionado culé. Se ganó tan cómodamente que dio tiempo a dar entrada a Afellay, como recompensa por su desequilibrio en banda contra el Real Madrid en el Bernabéu, que sirvió para que Mourinho estallara en cólera y Bojan hiciese las maletas. Ni siquiera la némesis del Barça durante los años anteriores, José Mourinho, fue capaz de contrarrestar con el Real Madrid aquella época dorada en Europa, lo que nos da una magnitud del equipo que construyó Pep Guardiola.

Las cabalgadas de Henry, los zarpazos de Eto’o, el dribbling de Messi, sus combinaciones con Alves, las escuadras de Villa, el pundonor de Pedro. Demasiados lujos en un corto período de 4 años. Este se terminó, como todo en esta vida, tras un desgaste físico y mental de Pep brutal, que además coincidió con una advertencia del regreso de la saciedad al vestuario y una junta directiva que no estaba por la labor de tocar demasiadas teclas en un equipo que ganaba y además ganaba mucho.

2-6, 5-0 vs máximo rival, 14 títulos, de los cuáles 6 de ellos son internacionales, récords goleadores, etcétera. Seguramente hay un montón más de cifras que muestran lo épico de este equipo y muchos artículos como éste hablando de ese Barça que tantos adeptos consiguió en el mundo. Pero para comprender la magnitud del Barça de Pep no hay nada, absolutamente nada, que se compare a haberlo visto jugar. Misión imposible captar toda su esencia en un texto, un libro o en una saga de películas. Horas y horas y horas de buen fútbol no merecen ser resumidas. Así de simple.

Los jugadores mantean a Guardiola sobre el césped del Camp Nou. The Telegraph
Los jugadores mantean a Guardiola sobre el césped del Camp Nou. The Telegraph

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No menciones a Touré en vano. Un triple de Basile. Mi canción preferida es Paca, te clave la estaca. Ser imbécil, mi especialidad. Es Pete Mickeal, no Mickael.

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